Cierto, por su orientación a la eficiencia y la eficacia de la gestión, el actual gobierno de Chile merece rotularse como la "Nueva Forma de Gobernar" (NFG), dada la enorme diferencia con los gobiernos progresistas, que dilapidaron y malversaron muchísimo dinero en una saga corruptiva y de desaciertos que todavía espera salir a la luz.
Es cosa nada más de ver lo obrado frente a emergencias nacionales como el terremoto de 27F, cuando la población amagada sufrió los fatales efectos de la torpeza y deshonestidad de Bachelet que aún en el clímax de la desgracia se encerró a firmar abultadísimos cheques para financiar a organismos políticos de su preferencia, con el agudo contraste de un nuevo gobierno que hizo alarde de capacidad ejecutiva para coordinar en tiempo record la ayuda necesaria para neutralizar la crisis.
domingo, 3 de octubre de 2010
lunes, 20 de septiembre de 2010
El "conflicto mapuche": una batalla de palabras.
En el enfrentamiento político entre derecha e izquierda, esta última lleva ventaja en el uso de los recursos del lenguaje y la propaganda.
Han sido muchos años invertidos en controlar las escuelas de periodismo, las cátedras de ciencias sociales y en incorporar a sus orgánicas partidistas los recursos propagandísticos que preparan los temas y las "expresiones fuerza" que se ha de usar en la arena política.
Ningún problema si respetaran la verdad y fueran honestos. Pero para la izquierda no existen esas "taras burguesas" y simplemente arremeten con su andanada de mentiras que de tanto repetirse por tantas personas terminan siendo adoptadas por la opinión pública, propagando el error o la confusión.
Han sido muchos años invertidos en controlar las escuelas de periodismo, las cátedras de ciencias sociales y en incorporar a sus orgánicas partidistas los recursos propagandísticos que preparan los temas y las "expresiones fuerza" que se ha de usar en la arena política.
Ningún problema si respetaran la verdad y fueran honestos. Pero para la izquierda no existen esas "taras burguesas" y simplemente arremeten con su andanada de mentiras que de tanto repetirse por tantas personas terminan siendo adoptadas por la opinión pública, propagando el error o la confusión.
domingo, 15 de agosto de 2010
Transantiago: un presente griego
El nuevo gobierno de Chile trata de mejorar el Transantiago, un monstruoso sistema de transporte público del gran conurbano donde funciona la capital de la República.
Antes, el transporte público metropolitano funcionaba sobre la base de una red de operadores independientes que proveían su servicio según las normas y controles de una oficina del gobierno, no de las autoridades locales de las comunidades que servían.
El régimen de ideología progresista, que debió abandonar la Presidencia en Marzo de 2010, intervino la red para imponer este nuevo sistema y lanzarlo con gran fanfarria en medio de la campaña electoral del 2005, con total prescindencia de la opinión de las autoridades locales e incluso de los operadores.
Las consecuencias no podían ser distintas de lo que finalmente resultó: un atentado devastador a la capacidad de transporte de millones de usuarios, con un espeluznante registro de accidentados y muertos, además de un forado colosal y creciente en la caja fiscal.
Reacción de los responsables
Frente a la debacle, los responsables quisieron justificar el Transantiago como la solución esperada a varios problemas del sistema anterior, no como lo que realmente fue: uno entre varios de los enormes montajes electorales para atraer votos durante la campaña de Michelle Bachelet.
Sin embargo, salvo la mejoría financiera de operadores y conductores, ninguno de esos problemas fue realmente resuelto y, por el contrario, se dio origen a nuevas y graves cuestiones.
La contaminación ambiental de gases y ruido no disminuyó ni tampoco la aglomeración de buses atochando las calles principales. Los delincuentes no asaltan a los conductores, pero asaltan a los pasajeros esta vez a escala industrial. La evasión del pago genera problemas en la caja fiscal, porque no afecta a los operadores. Encima de todo ello, otras ciudades del país han empezado a reclamar fondos equivalentes a los que el gobierno malgasta en el área de Santiago.
Quizá lo más indignante de toda esta calamidad es que los líderes del régimen pasado extorsionan al presente gobierno en el Congreso, condicionando la aprobación de recursos a que en los informes no se mencione la responsabilidad de ellos y que, además, se conceda recursos adicionales para las circunscripciones electorales que representan. Incluso han llegado al descaro de reclamar por las alzas de tarifa que ellos mismos dejaron preestablecidas.
Presente griego
Si esta monstruosidad cooperó a abrir los ojos de los electores de Santiago (y de otras ciudades amenazadas) para deshacerse de la coalición progresista, es iluso para el actual gobierno creer que en sus manos este tigre se pueda transformar en manso gatito.
La naturaleza misma de este sistema, tan extremadamente vulnerable a fallas en todos los frentes, es un perfecto "presente griego" que no puede sino acarrear males para el actual gobierno. Muchos de ellos generados y exacerbados por los mismos que lo crearon.
El ministro Felipe Morandé no parece darse cuenta de esto y cada tanto anuncia positivas medidas para mejorar el sistema, sin que se atisbe algo parecido a un camino de salida que neutralice el nocivo efecto de mantener al monstruo en casa.
Tal parece, entonces, que hay que ayudar al gobierno a ver con nitidez la manera de resolver el problema del Transantiago, que no es otra que deshacerse de él.
La nueva forma de gobernar
Por definición y en sentido contrario al progresismo, un gobierno de centroderecha rehuye la acumulación de poder. Su visión de la realidad difiere diametralmente de aquella que supone la imposición de un nuevo orden porque percibe y rechaza el peligro de mutilar las libertades individuales.
Al revés de la centroizquierda, los derechistas exhiben escasa permeabilidad a las entelequias y gran desconfianza de las tendencias a transformarlo todo. Valoran la gestión sencilla y honesta mucho más que las promesas de iluminados y redentores sociales.
El presente gobierno representa a la mayoría ciudadana que ve al estado como nuestra propiedad, pero que rechaza la noción de que estado y gobierno sean la misma cosa y, peor aún, que seamos dependientes de él.
Esto no constituye una postura de simple ideología sino una vivencia real y reciente, cuando en los años 70 y 80 el gobierno abandonó la operación exclusiva de las “áreas estratégicas” (telecomunicaciones, finanzas, minería, etc.), desatando un proceso parecido al de los “roaring twenties” de los Estados Unidos, bajo Calvin Coolidge, cuando fue la propia gente la que exploró sus propios caminos de desarrollo.
En mi opinión, la nueva forma de gobernar debe orientarse en sentido contrario al que le imprimió la coalición saliente. En vez de reforzar el poder central o "más estado", como reza el mantra progresista, debe aliviar al gobierno de carga que perfectamente puede ser asumida por los gobernados... y/o sus comunidades reales.
Autoridad Metropolitana de Transportes (AMT)
Así es como en los Estados Unidos y otros países desarrollados llaman a la entidad que administra los recursos para el transporte de personas en las áreas metropolitanas. Esta entidad funciona como un servicio público profesional y técnico que responde a los intereses de sus mandantes, las comunidades reales (ciudades, condados o pueblos que forman parte del conurbano a servir).
El gobierno debe invitar a los municipios metropolitanos para que constituyan una AMT y se hagan cargo de su sistema de transporte, ofreciéndoles créditos para iniciar las operaciones y la asistencia necesaria hasta que el sistema alcance madurez.
La misma invitación puede extenderse a los demás conglomerados urbanos de la nación, de modo que tengan la misma oportunidad de asumir el control de sus sistemas de transporte y que nadie pueda reclamar fondos sólo para emparejar el dispendio del gobierno administrando y financiando el sistema de una de las áreas metropolitanas de Chile, sólo porque en ella está sita la capital.
Con este esquema el gobierno se opera del presente griego que es el Transantiago, desactivando el factor que lo convierte en objetivo político. Los reclamos, huelgas o protestas que organice la oposición perderán al gobierno como objetivo, su actitud negativa impactará directamente en las comunidades (y votos) que las sufran y, al mismo tiempo, se potencia el desarrollo de las comunidades reales, abriendo camino a la idea de la autovalencia colectiva e individual.
Bien presentada, será difícil para el progresismo combatir esta iniciativa, porque quedarían en evidencia los peores vicios de su postura política, que son precisamente los que llevaron a los chilenos a sacarlos de la Presidencia.
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Antes, el transporte público metropolitano funcionaba sobre la base de una red de operadores independientes que proveían su servicio según las normas y controles de una oficina del gobierno, no de las autoridades locales de las comunidades que servían.
El régimen de ideología progresista, que debió abandonar la Presidencia en Marzo de 2010, intervino la red para imponer este nuevo sistema y lanzarlo con gran fanfarria en medio de la campaña electoral del 2005, con total prescindencia de la opinión de las autoridades locales e incluso de los operadores.
Las consecuencias no podían ser distintas de lo que finalmente resultó: un atentado devastador a la capacidad de transporte de millones de usuarios, con un espeluznante registro de accidentados y muertos, además de un forado colosal y creciente en la caja fiscal.
Reacción de los responsables
Frente a la debacle, los responsables quisieron justificar el Transantiago como la solución esperada a varios problemas del sistema anterior, no como lo que realmente fue: uno entre varios de los enormes montajes electorales para atraer votos durante la campaña de Michelle Bachelet.
Sin embargo, salvo la mejoría financiera de operadores y conductores, ninguno de esos problemas fue realmente resuelto y, por el contrario, se dio origen a nuevas y graves cuestiones.
La contaminación ambiental de gases y ruido no disminuyó ni tampoco la aglomeración de buses atochando las calles principales. Los delincuentes no asaltan a los conductores, pero asaltan a los pasajeros esta vez a escala industrial. La evasión del pago genera problemas en la caja fiscal, porque no afecta a los operadores. Encima de todo ello, otras ciudades del país han empezado a reclamar fondos equivalentes a los que el gobierno malgasta en el área de Santiago.
Quizá lo más indignante de toda esta calamidad es que los líderes del régimen pasado extorsionan al presente gobierno en el Congreso, condicionando la aprobación de recursos a que en los informes no se mencione la responsabilidad de ellos y que, además, se conceda recursos adicionales para las circunscripciones electorales que representan. Incluso han llegado al descaro de reclamar por las alzas de tarifa que ellos mismos dejaron preestablecidas.
Presente griego
Si esta monstruosidad cooperó a abrir los ojos de los electores de Santiago (y de otras ciudades amenazadas) para deshacerse de la coalición progresista, es iluso para el actual gobierno creer que en sus manos este tigre se pueda transformar en manso gatito.
La naturaleza misma de este sistema, tan extremadamente vulnerable a fallas en todos los frentes, es un perfecto "presente griego" que no puede sino acarrear males para el actual gobierno. Muchos de ellos generados y exacerbados por los mismos que lo crearon.
El ministro Felipe Morandé no parece darse cuenta de esto y cada tanto anuncia positivas medidas para mejorar el sistema, sin que se atisbe algo parecido a un camino de salida que neutralice el nocivo efecto de mantener al monstruo en casa.
Tal parece, entonces, que hay que ayudar al gobierno a ver con nitidez la manera de resolver el problema del Transantiago, que no es otra que deshacerse de él.
La nueva forma de gobernar
Por definición y en sentido contrario al progresismo, un gobierno de centroderecha rehuye la acumulación de poder. Su visión de la realidad difiere diametralmente de aquella que supone la imposición de un nuevo orden porque percibe y rechaza el peligro de mutilar las libertades individuales.
Al revés de la centroizquierda, los derechistas exhiben escasa permeabilidad a las entelequias y gran desconfianza de las tendencias a transformarlo todo. Valoran la gestión sencilla y honesta mucho más que las promesas de iluminados y redentores sociales.
El presente gobierno representa a la mayoría ciudadana que ve al estado como nuestra propiedad, pero que rechaza la noción de que estado y gobierno sean la misma cosa y, peor aún, que seamos dependientes de él.
Esto no constituye una postura de simple ideología sino una vivencia real y reciente, cuando en los años 70 y 80 el gobierno abandonó la operación exclusiva de las “áreas estratégicas” (telecomunicaciones, finanzas, minería, etc.), desatando un proceso parecido al de los “roaring twenties” de los Estados Unidos, bajo Calvin Coolidge, cuando fue la propia gente la que exploró sus propios caminos de desarrollo.
En mi opinión, la nueva forma de gobernar debe orientarse en sentido contrario al que le imprimió la coalición saliente. En vez de reforzar el poder central o "más estado", como reza el mantra progresista, debe aliviar al gobierno de carga que perfectamente puede ser asumida por los gobernados... y/o sus comunidades reales.
Autoridad Metropolitana de Transportes (AMT)
Así es como en los Estados Unidos y otros países desarrollados llaman a la entidad que administra los recursos para el transporte de personas en las áreas metropolitanas. Esta entidad funciona como un servicio público profesional y técnico que responde a los intereses de sus mandantes, las comunidades reales (ciudades, condados o pueblos que forman parte del conurbano a servir).
El gobierno debe invitar a los municipios metropolitanos para que constituyan una AMT y se hagan cargo de su sistema de transporte, ofreciéndoles créditos para iniciar las operaciones y la asistencia necesaria hasta que el sistema alcance madurez.
La misma invitación puede extenderse a los demás conglomerados urbanos de la nación, de modo que tengan la misma oportunidad de asumir el control de sus sistemas de transporte y que nadie pueda reclamar fondos sólo para emparejar el dispendio del gobierno administrando y financiando el sistema de una de las áreas metropolitanas de Chile, sólo porque en ella está sita la capital.
Con este esquema el gobierno se opera del presente griego que es el Transantiago, desactivando el factor que lo convierte en objetivo político. Los reclamos, huelgas o protestas que organice la oposición perderán al gobierno como objetivo, su actitud negativa impactará directamente en las comunidades (y votos) que las sufran y, al mismo tiempo, se potencia el desarrollo de las comunidades reales, abriendo camino a la idea de la autovalencia colectiva e individual.
Bien presentada, será difícil para el progresismo combatir esta iniciativa, porque quedarían en evidencia los peores vicios de su postura política, que son precisamente los que llevaron a los chilenos a sacarlos de la Presidencia.
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domingo, 8 de agosto de 2010
La TV también lucha por liberarse
Cuando en Cuba ya disfrutaban de TV en colores, en Chile el gobierno recién estudiaba las regulaciones para introducir la televisión, por supuesto, en glorioso blanco y negro.
Contrariamente a lo que ocurría en la isla caribeña, en nuestro país se desconfiaba de entregar este medio a la explotación comercial por operadores independientes, imponiéndose un modelo "de profundo significado social" (palabras del senador Hernán Larraín, en El Mercurio de hoy), que regaló las concesiones de frecuencia a algunas universidades.
Es cierto lo que afirma Larraín, en cuanto a que por entonces se desconfiaba de la iniciativa privada y se pensaba que las universidades lo harían "identificándose esencialmente con valores supremos de la comunidad", esperanza que resultó absolutamente frustrada.
Contrariamente a lo que ocurría en la isla caribeña, en nuestro país se desconfiaba de entregar este medio a la explotación comercial por operadores independientes, imponiéndose un modelo "de profundo significado social" (palabras del senador Hernán Larraín, en El Mercurio de hoy), que regaló las concesiones de frecuencia a algunas universidades.
Es cierto lo que afirma Larraín, en cuanto a que por entonces se desconfiaba de la iniciativa privada y se pensaba que las universidades lo harían "identificándose esencialmente con valores supremos de la comunidad", esperanza que resultó absolutamente frustrada.
domingo, 25 de julio de 2010
Izquierdos humanos y derechos humanos
Con la etiqueta “derechos humanos”, los concertados rotularon el costosísimo y descomunal programa de victimización, inculpación y reparación económica diseñado para evadir el juicio histórico del intento de cubanizar Chile y, al mismo tiempo, estigmatizar políticamente a los militares que expulsaron al castrismo... y a todo chileno que hubiera apoyado el aborto de ese proceso.
domingo, 18 de julio de 2010
El TOCOPI es grande, muy grande.
Cierta tarde de hace años me crucé con Sebastián Piñera que venía a paso vivo cargando archivadores y papeles. Lo identifiqué porque ya entonces era un personaje famoso, pero ese fugaz vistazo fue suficiente para captar a una persona energética, orientada a la acción.
Antes de ese momento ya me habían contado lo del negocio de Bancard, que prefirió iniciar por su cuenta en vez de reportarle al que le habría hecho el encargo. Más tarde supe del affaire de la radio Kioto; de su tibia reacción frente a las “denuncias” de pedofilia hacia un líder rival; y de haber declarado al gobierno militar como el peor de nuestra historia (según leí a Hermógenes Pérez de Arce, hasta ahora no he conocido otra fuente). Todo este anecdotario me confirmó plenamente la impresión de ese día: un tipo movido que va derecho a su objetivo sin demasiados miramientos.
Antes de ese momento ya me habían contado lo del negocio de Bancard, que prefirió iniciar por su cuenta en vez de reportarle al que le habría hecho el encargo. Más tarde supe del affaire de la radio Kioto; de su tibia reacción frente a las “denuncias” de pedofilia hacia un líder rival; y de haber declarado al gobierno militar como el peor de nuestra historia (según leí a Hermógenes Pérez de Arce, hasta ahora no he conocido otra fuente). Todo este anecdotario me confirmó plenamente la impresión de ese día: un tipo movido que va derecho a su objetivo sin demasiados miramientos.
miércoles, 7 de julio de 2010
Ya basta de "historias"
En su columna de hoy en El Mercurio, Gonzalo Rojas menciona los hechos concretos que ocurrieron en el país el 18 de septiembre de 1810, fecha de la cual se cumplirán 200 años, afirmando que lo efectivamente acontecido no conserva ninguna vigencia, por lo cual estaríamos celebrando un bicentenario despojado de significado genuino.
Estando de acuerdo con el profesor Rojas, aceptemos que según la mayoría lo que se celebra es la “independencia” de Chile, que marcaría el inicio de la transformación de esta "colonia" en nación independiente, que es también el contenido del discurso de los gobernantes durante los últimos años, para quienes la nación simplemente no existía como tal antes de esa fecha.
La verdad es que Chile fue fundado el 12 de febrero de 1541 como “Reino de Chile” y en los 500 años que va camino de cumplir, jamás dejó de constituir un país, pueblo o nación con vida propia(1), sea que el gobernante fuera designado por el rey de España, por una Junta de Gobierno o elegido por votación popular, proceso que no siempre ha sido lineal.
Tan interesante como ignorado por los que promueven 1810 como nuestro año de “nacimiento”, nunca desde 1541 (y quizás desde antes) se llamó a este territorio de modo distinto, ni dejó de estar constituido por la larga y angosta faja que sigue siendo (salvo que por muchos años tuvimos costa sobre el atlántico patagónico), ni fue lugar de tránsito para ir a ningún lado. Quien se aparecía por aquí, venía a Chile.
Ricardo Lagos, considerado un “intelectual” por Carlos Peña, columnista concertacionista de El Mercurio, tiene escasa o ninguna idea de esto. Visitando a SS Juan Pablo II, le presentó de regalo un ejemplar de "Ensayo de la Historia del Reino del Chile" del abate Juan Ignacio Molina, lo cual llevó al Papa a preguntarle desde cuándo comenzaba la historia de Chile.
Seguramente quería darle la oportunidad de lucirse para que le hablara de nuestras hermosas sagas. Que obras como la que le obsequiaba se venían componiendo desde el siglo XVI, incluyendo La Araucana, incorporada al patrimonio mundial del género épico y que hizo de Chile la única nación americana con tamaño tesoro literario.
Pero Lagos salió con un torpe y deslucido “desde 1810”. A lo cual, caritativamente Su Santidad volvió a preguntar: "¿entonces ese libro es prehistoria, bolivariano?". Lagos respondió que recogía aquellos años y precisó que fue escrito en Bolonia (sic) [Emol, jueves 16 de mayo de 2002].
Efectivamente, para el izquierdismo Chile recién va camino del “bicentenario”. Antes no existió y vaya uno a saber de qué árbol cayó en 1810 sobre el suelo americano.
Los concertados ahora fuera del gobierno no se conformaron con la monstruosa distorsión de nuestra historia reciente, sino que además metieron mano en nuestra historia vernácula premiando a quien propusiera “obras artísticas” con versiones disparatadas y financiando generosamente iniciativas “culturales” que apuntaran a mostrar una ofensiva visión “escatológica” de nuestros héroes.
Me parece que todavía hay “obras” financiadas con dinero público pasado por los desalojados que están por estrenarse y en las que se muestra la versión “revisada” por gente que desaprendió historia a manos de Gabriel Salazar o algún otro “historiador” premiado por el régimen pasado.
Supongo que todos saben qué ocurrió el 18 de septiembre de 1810 en Santiago de Chile —Gonzalo Rojas lo resume muy bien en su columna de hoy— pero, no más para dejar las cosas en su sitio, la declaración de independencia de la corona española(2) fue muy posterior y, significativamente, fue presentada oficialmente otro 12 de febrero, esta vez del año 1818, que además coincidía con el primer aniversario de la batalla de Chacabuco.
Espero que el gobierno actual se sensibilice respecto de este tema y ponga un poco más de orden, reponiendo la enseñanza de nuestra verdadera historia, ubicando como se debe a nuestras efemérides y cortando el financiamiento de quienes buscan instalar sus afiebradas versiones.
Ojalá lleguemos a nuestros primeros 500 años habiendo aprendido al menos estas lecciones básicas.
(1) La europeización de estas tierras consumió miles de vidas de los conquistadores, enfrascados en una guerra que por indecisiones religioso-ideológicas se extendió por 300 años, tiempo suficiente para dar forma a una población que con aportes multirraciales y multiculturales devino en una de las nacionalidades más claramente perfiladas y fuertemente marcadas del continente americano. Para el siglo XVIII ya había chilenos nostálgicos repartidos por el mundo.
(2) Nunca hubo dependencia de España como nación ni de otra entidad que no fuera la corona, lo cual fue la base para constituir una Junta de Gobierno desconociendo fidelidad al gobierno peninsular de entonces, designado por Napoleón.
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Estando de acuerdo con el profesor Rojas, aceptemos que según la mayoría lo que se celebra es la “independencia” de Chile, que marcaría el inicio de la transformación de esta "colonia" en nación independiente, que es también el contenido del discurso de los gobernantes durante los últimos años, para quienes la nación simplemente no existía como tal antes de esa fecha.
La verdad es que Chile fue fundado el 12 de febrero de 1541 como “Reino de Chile” y en los 500 años que va camino de cumplir, jamás dejó de constituir un país, pueblo o nación con vida propia(1), sea que el gobernante fuera designado por el rey de España, por una Junta de Gobierno o elegido por votación popular, proceso que no siempre ha sido lineal.
Tan interesante como ignorado por los que promueven 1810 como nuestro año de “nacimiento”, nunca desde 1541 (y quizás desde antes) se llamó a este territorio de modo distinto, ni dejó de estar constituido por la larga y angosta faja que sigue siendo (salvo que por muchos años tuvimos costa sobre el atlántico patagónico), ni fue lugar de tránsito para ir a ningún lado. Quien se aparecía por aquí, venía a Chile.
Ricardo Lagos, considerado un “intelectual” por Carlos Peña, columnista concertacionista de El Mercurio, tiene escasa o ninguna idea de esto. Visitando a SS Juan Pablo II, le presentó de regalo un ejemplar de "Ensayo de la Historia del Reino del Chile" del abate Juan Ignacio Molina, lo cual llevó al Papa a preguntarle desde cuándo comenzaba la historia de Chile.
Seguramente quería darle la oportunidad de lucirse para que le hablara de nuestras hermosas sagas. Que obras como la que le obsequiaba se venían componiendo desde el siglo XVI, incluyendo La Araucana, incorporada al patrimonio mundial del género épico y que hizo de Chile la única nación americana con tamaño tesoro literario.
Pero Lagos salió con un torpe y deslucido “desde 1810”. A lo cual, caritativamente Su Santidad volvió a preguntar: "¿entonces ese libro es prehistoria, bolivariano?". Lagos respondió que recogía aquellos años y precisó que fue escrito en Bolonia (sic) [Emol, jueves 16 de mayo de 2002].
Efectivamente, para el izquierdismo Chile recién va camino del “bicentenario”. Antes no existió y vaya uno a saber de qué árbol cayó en 1810 sobre el suelo americano.
Los concertados ahora fuera del gobierno no se conformaron con la monstruosa distorsión de nuestra historia reciente, sino que además metieron mano en nuestra historia vernácula premiando a quien propusiera “obras artísticas” con versiones disparatadas y financiando generosamente iniciativas “culturales” que apuntaran a mostrar una ofensiva visión “escatológica” de nuestros héroes.
Me parece que todavía hay “obras” financiadas con dinero público pasado por los desalojados que están por estrenarse y en las que se muestra la versión “revisada” por gente que desaprendió historia a manos de Gabriel Salazar o algún otro “historiador” premiado por el régimen pasado.
Supongo que todos saben qué ocurrió el 18 de septiembre de 1810 en Santiago de Chile —Gonzalo Rojas lo resume muy bien en su columna de hoy— pero, no más para dejar las cosas en su sitio, la declaración de independencia de la corona española(2) fue muy posterior y, significativamente, fue presentada oficialmente otro 12 de febrero, esta vez del año 1818, que además coincidía con el primer aniversario de la batalla de Chacabuco.
Espero que el gobierno actual se sensibilice respecto de este tema y ponga un poco más de orden, reponiendo la enseñanza de nuestra verdadera historia, ubicando como se debe a nuestras efemérides y cortando el financiamiento de quienes buscan instalar sus afiebradas versiones.
Ojalá lleguemos a nuestros primeros 500 años habiendo aprendido al menos estas lecciones básicas.
(1) La europeización de estas tierras consumió miles de vidas de los conquistadores, enfrascados en una guerra que por indecisiones religioso-ideológicas se extendió por 300 años, tiempo suficiente para dar forma a una población que con aportes multirraciales y multiculturales devino en una de las nacionalidades más claramente perfiladas y fuertemente marcadas del continente americano. Para el siglo XVIII ya había chilenos nostálgicos repartidos por el mundo.
(2) Nunca hubo dependencia de España como nación ni de otra entidad que no fuera la corona, lo cual fue la base para constituir una Junta de Gobierno desconociendo fidelidad al gobierno peninsular de entonces, designado por Napoleón.
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