Me proponía escribir sobre la artimaña dada a conocer ayer sobre la cocinada causa de la muerte del ex-general Alberto Bachelet, sorprendido en movidas para subvertir a la Fuerza Aérea en favor del castrismo. Pero he preferido replicar la columna que sobre este tema compuso Hermógenes Pérez de Arce, mucho más versado que yo en este tema, aunque no más indignado que todos nosotros por lo que está pasando.
Alguien se preguntará cómo es posible que la justicia haya demorado 38 años en comprobar que el general Bachelet falleció a causa de torturas recibidas en marzo de 1974.
Es que nunca se habían dado las condiciones para esta "tormenta perfecta": un gobernante como Sebastián Piñera, que designa y mantiene como Director del Servicio Médico Legal a un mirista activo (quien declaró paladinamente serlo ante la televisión, oportunidad en la cual incluyó, dicho sea de paso, una acusación falsa en mi contra); y un juez de izquierda dispuesto --como todos los de su clase-- a pasar por sobre las normas legales que le vedan conocer de hechos prescritos.