En las repúblicas maduras las tendencias políticas se agrupan en dos bandos. De un lado los de tendencia individualista, del otro los de tendencia dirigista. Cualquiera sea su denominación, los primeros aprecian la libertad individual y resienten los proyectos que alteran el orden establecido. Los segundos aprecian los nuevos escenarios y ven la libertad individual como ventaja de los que pueden aprovecharla para prosperar en el orden vigente.
El esquema de tres tercios, que no existe en ninguna de esas repúblicas, plantea un cuadro que caricaturiza a ambos bandos como "extremismos" y ofrece un equilibrado bando "de centro" que bajo la promesa de hacer compatibles la estabilidad y la revolución, deja a todos contentos a cambio del monopolio de la representación.
La caricaturización, por supuesto, es falsa.
