El ministro Laurence Golborne es de talante amistoso, cercano y corriente. Durante el rescate minero, aparte de prodigarse para la ejecución oportuna de cada etapa, estuvo en estrecha y humana relación con los familiares que por ello tuvieron siempre la seguridad de que nada se estaba dejando de hacer.
Como hombre de clase media y de trabajo, la gente lo siente como uno de los suyos y, cosa rara entre chilenos, reconoce sus méritos y se muestra abierta a que tenga éxito en lo que se proponga.
El gobierno del Presidente Sebastián Piñera debería estar muy satisfecho de tenerlo como probable sucesor, pero Golborne no parece formar parte del decechismo oficialista que siente simpatías por la DC y ve como principal enemigo no a la oposición sino a su aliado en la coalición: la UDI.
