jueves, 5 de septiembre de 2013

La campaña es formidable, pero no resiste análisis

Toda la TV chilena está volcada a "rememorar" el 11 de septiembre como una fecha execrable, presentando a Allende como mártir de la democracia, al gobierno militar como una dictadura criminal y, cómo no, a tratar de involucrar a la derecha y a la candidata Evelyn Matthei en esa criminalidad.

Explotando todos los canales, a toda hora y con una enorme cobertura espejo en los demás medios y en las redes sociales, se refuerza este mensaje recurriendo a figuras del teatro, la farándula, la academia y a cuanta gente conocida se preste al colosal montaje.

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El bombardeo es formidable y hemos visto a muchos líderes derechistas temblequeando, ensayando peticiones de perdón y admitiendo buena parte del relato tan encarnizadamente impuesto.

La verdad es que el relato es falso, de absoluta falsedad. Sin embargo, hay que admitir que la izquierda ha sido exitosa en instalarlo porque ha desplegado gran destreza en imponer la terminología (que yo llamo catecismo y que describo en este artículo) y las falacias o mitos que le sirven de precario fundamento.

La primera falacia es afirmar que Allende llegó al poder porque "el pueblo lo puso allí". Falso. Dado que obtuvo un tercio de la votación, insuficiente constitucionalmente para ser elegido por el pueblo, y pese a que nadie dudaba de que representa a una peligrosa minoría extremista, fue puesto en La Moneda por la Democracia Cristiana, cuyos delegados del Congreso votaron designarlo a él siguiendo las instrucciones del partido <= haz click si quieres conocer las "razones" que se tuvieron.

El otro falso fundamento del relato es que el gobierno castrista de Allende "quiso mejorar las condiciones de vida de los pobres y que los ricos se lo impidieron". Delirantemente falso. La gestión de ese gobierno se orientó PRINCIPALMENTE a aferrarse al poder, interviniendo los registros de votantes para manipular los resultados electorales, haciéndose del control por la fuerza de las industrias y la agricultura (despojando a miles de personas inocentes), preparando contingente para asegurar una respuesta armada a su plan hegemónico, penetrando las instituciones de la defensa para minar el liderazgo de la oficialidad y desatar una guerra civil que pensaban ganar. Las condiciones objetivas de vida para el pueblo fueron las primeras en deteriorarse por la brutal caída en la productividad nacional y la inversión y nunca ese gobierno mostró preocupación genuina por ese daño (todo se justificaba en el "costo de la revolución").

Otra falsedad es que "bajo el gobierno de Allende NO se cometieron delitos contra los derechos humanos." A los pocos días de tomar el poder, ya las bandas armadas amparadas por el gobierno (que negaba la fuerza pública que pedían los jueces que acogían los clamores de justicia de los abusados) empezaron a despojar a los agricultores de sus campos y pertenencias, con casos de increíble crueldad, tortura, violaciones y asesinatos. Para el invierno de 1971, ya los estudiantes habían empezado a manifestarse en contra de Allende. Por esos días, estando instalada temporariamente una oficina del gobierno en la Intendencia de Valparaíso, una manifestación estudiantil fue sofocada con contingentes de obreros de la firma KPD (una donación soviética) que encajonaron a los estudiantes en esa plaza con enormes camiones llenos de obreros armados con picas de acero, cadenas y elementos contundentes que usaron para golpear a jóvenes escolares de ambos sexos aterrados por la magnitud de la criminal represión. Hasta casi el mismo 11 de septiembre de 1973, miles de personas a lo largo del país sufrieron idéntico tratamiento, incluyendo mujeres dueñas de casa que por entonces inventaron el caceroleo como forma de expresar su indignación.

Otro mito es que la expulsión del gobierno castrista (una dictadura en toda la regla desde que el ministro de justicia admitió no respetar el estado de derecho cuando éste obstaculizaba la revolución —Jorge Tapia, 1º de julio de 1972), "fue un golpe militar a la institucionalidad instigada por la CIA y liderada por Pinochet, un militar codicioso de poder y con sed de sangre." Falso también. La defenestración del castrismo fue "instigada" por millones de chilenos que de mil maneras la exigieron a la única instancia capaz de hacerlo: las fuerzas armadas. Nada tuvieron que ver la CIA ni el Pentágono… ni tampoco fue iniciativa de Pinochet. El líder del movimiento militar para expulsar al castrismo fue José Toribio Merino, que asumió el almirantazgo y despachó a oficiales para que visitaran a los generales en jefe del resto de las otras ramas exigiéndoles que si estaban de acuerdo le firmaran un papel de compromiso o le pusieran al reverso sus observaciones, porque él "iba a actuar el 11 de septiembre".

Los mitos siguen (la lista es larga y no la voy a agotar en este artículo). Se dice que esta expulsión ( o este "golpe", en la terminología izquierdista) "fue rechazada por buena parte de la DC". Falso. No hay NINGÚN registro o documento que acoja ese rechazo, salvo una declaración que firmó un grupúsculo muy pequeño (una docena de personas de segundo orden) muchos días después de la defenestración del castrismo, cuando los bandos militares empezaron a anunciar una completa reestructuración y limpieza del aparato del estado y de las normas que habían permitido que se llegara a ese extremo.

Se dice, también sin ninguna base, que "el golpe fue instigado y manejado por la derecha para custodiar sus intereses". La falsedad de esto fluye del simple examen de lo que pasó cuando los militares organizaron el aparato para retomar la marcha del país. Salvo la parte de finanzas y economía (que el Almirante Merino pidió y retuvo para su control), la Junta Militar acudió a los civiles (hubo una clara invitación a la DC a sugerencia de Pinochet, quien toda su vida mostró simpatía por ese partido) para que se sumaran a la tarea de reconstruir la nación. Al llamado acudieron los DC y varios profesionales de derecha. Cuando ya se barruntaba que el nuevo orden iba para largo,  la DC dio orden de retiro de su gente (en consonancia con las "razones" que tuvo para instalar a Allende), desobedecida por varios. Los derechistas se mantuvieron cooperando pero jamás alcanzaron posiciones de influencia en la cúpula superior del gobierno, que se mantuvo en su formulación constitucional pero con militares hasta que el poder fue traspasado a los civiles.

Con demoníaco cinismo, han instalado el mito de que el gobierno militar ( "dictadura" en el catecismo de izquierda) "fue resistido por el pueblo". Nada más falso. Al anuncio del nuevo gobierno de que vendrían días duros de privaciones y esfuerzo para levantar el país, acudieron millones de chilenos que constituyeron un Fondo Nacional para la Reconstrucción, donando hasta sus argollas de matrimonio luciendo luego con orgullo en sus solapas un sencillo trébol metálico de reconocimiento. Ni hablar de lo que ocurrió el mismo día 11 y posteriores, cuando la gente alborozada embanderó todo Chile, abrazaba con agradecimiento a los militares y bailaba cueca en las calles del centro de Santiago.

Entre las muchas falsedades se dice que "a partir desde el 11 de septiembre se instaló una dictadura". Lo verdad es todo lo contrario. Como lo aclaré antes, una dictadura es un gobierno que actúa sin apego a la ley ni a las decisiones de los jueces, como lo hizo Allende. Nada más asumir, el gobierno militar restituyó el funcionamiento de los tribunales, el respeto irrestricto a sus decisiones y su total independencia. A poco andar, estableció normas para la protección de los derechos individuales en un grado jamás alcanzado antes, mediante el recurso de protección. Por entonces yo estudiaba Derecho, y mi facultad (como la mayoría de las universidades del país) estaba plagada de profesores y estudiantes de izquierda que nunca fueron molestados. Cuando estuvo lista, se promulgó la nueva constitución en 1980 y el gobierno se ciñó a sus disposiciones, en contraste con el desprecio a la ley que siempre mostró el régimen castrista.

Para otra ocasión me ocuparé de las acusaciones sobre "sanguinario y genocida" con se moteja al gobierno militar y de otras falsedades que, como dijimos, son muchas.

4 comentarios:

  1. Los periodistas jóvenes son tan ignorantes como el viejo periodista deportivo Aldo Schiappacasse o el actor Vicuña. Quizás para el primero el stalinismo era una hamburguesa, y para el segundo Lenin sea una loción para hombre.

    El día de ayer en el canal regional de TVN entrevistaron al profesor de economía de la Chile, que es origen colombiano o venezolano acerca del programa económico de la UP. Por supuesto, que ellos daban por sentado que las medidas contaban con el apoyo popular, lo cual es falso. En realidad, ni siquiera nombraron el programa, nada que el eje de la economía era el Estado, las tres áreas de la economía, la JAP y las expropiaciones ilegales. Lo importante para los periodistas era gobierno contase alto respaldo ciudadanos para hacer sus absurdas e irracionales medidas.

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    1. La supervivencia del relato se sustenta en la constante repetición, por todos los medios disponibles, como un mantra.

      Pero, todos lo sabemos, como el discurso y posturas de Bachelet, no resiste debate ni análisis.

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  2. la propaganda zurda es una máquina que no para. pero tiene sus caídas feas como el mentado "gol del silencio"... hay que ser demasiado zurdoaneuronal para hacer eso...

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    1. Los errores propagandísticos de la zurdería han sido hasta ahora salvados por el apoyo de los medios, principalmente la TV.

      Pero la derecha, que debería aprovecharlos y fortalecer con ello su propia posición, es muy mal llevada por los líderes actuales, gente con débil testimonio y demasiado segura de sí misma.

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