Pese a haber conseguido un cuarto de hotel a nivel de calle con amplia vitrina sobre el acceso por donde entraron y salieron nuestros seleccionados, los “ágiles noteros” de CQC (programa dominical del canal de TV Megavisión) en Sudáfrica no consiguieron entrevistar a ninguno de ellos; salvo una “integrante” que, sonriente, hizo ademán de acercarse a la ventana desde donde la llamaban, pero reaccionó y retomó rauda su camino al bus: Michelle Bachelet.
martes, 29 de junio de 2010
jueves, 24 de junio de 2010
El centro político y los unicornios azules.
Una de las principales razones que tengo para ser derechista es que no creo en el cuento del centro político.
Quizá inspirados en la fábula de los tres chanchitos, los expertos norteamericanos, que en los 60 asesoraron a la DC para detener al “comunismo” del FRAP (apoyo descrito al detalle en el Informe Church), promovieron el genial invento de los “tres tercios”.
Quizá inspirados en la fábula de los tres chanchitos, los expertos norteamericanos, que en los 60 asesoraron a la DC para detener al “comunismo” del FRAP (apoyo descrito al detalle en el Informe Church), promovieron el genial invento de los “tres tercios”.
miércoles, 23 de junio de 2010
La primera gran mentira
Respecto de la historia reciente de Chile se ha mentido mucho y sobre esas mentiras se ha construido una versión horriblemente distorsionada que es al mismo tiempo débil, porque no resiste la más mínima revisión.
Con estas grandes mentiras, el izquierdismo mundial busca ocultar la derrota militar e ideológica aquí sufrida, tratando de morigerar las consecuencias que esto trae para su causa, entre las cuales bien puede contarse el colapso del socialismo soviético y el escape de los países de Europa oriental de sus garras.
Las grandes mentiras, sin embargo, no empezaron con el castrismo.
Con estas grandes mentiras, el izquierdismo mundial busca ocultar la derrota militar e ideológica aquí sufrida, tratando de morigerar las consecuencias que esto trae para su causa, entre las cuales bien puede contarse el colapso del socialismo soviético y el escape de los países de Europa oriental de sus garras.
Las grandes mentiras, sin embargo, no empezaron con el castrismo.
martes, 15 de junio de 2010
Por qué no seguiré posteando en El Mercurio
Hoy El Mercurio publicó una carta firmada por la Dra. Lidia Amarales [ex Subsecretaria de Salud del régimen concertacionista] que, buscando alimentar la hoguera contra el ex embajador Otero, denuncia que fue suspendida un año de sus estudios en la Universidad de Chile por ser simple simpatizante del depuesto gobierno castrista de Allende.
Sabiendo que eso es falso, escribí el comentario inserto abajo en el blog que ese diario crea a cada carta, pero mi aporte no gustó al moderador porque no aparecía publicado.
Sabiendo que eso es falso, escribí el comentario inserto abajo en el blog que ese diario crea a cada carta, pero mi aporte no gustó al moderador porque no aparecía publicado.
lunes, 14 de junio de 2010
El catecismo progresista para Chile
El nuevo embajador chileno en Argentina llamó a un diario para aclarar que él no era “pinochetista”, como informaban. Una periodista local fue a entrevistarlo y, como es costumbre en los diarios, la redacción destacó lo que le pareció “vendible”, en este caso el juicio del personero en cuanto a que “la mayor parte de Chile no sintió la dictadura. Al contrario, se sintió aliviada”.
¿Por qué esta precisa parte de las declaraciones de Otero resultaban tan “vendibles”?
Porque colisionan frontalmente con la versión instalada en todas partes, que caracterizan el régimen que gobernó Chile desde la expulsión del castrismo hasta 1989 como una tiranía que sembraba el terror en todo el país, más terrible y cruelmente que las dictaduras y protodictaduras de la izquierda en Cuba y otras desgraciadas naciones.
Esa versión instalada es falsa y cualquiera es capaz de comprobarlo con sólo revisar sus antecedentes. Pero aún ese ejercicio de preguntarse ¿cómo, cuándo, cuánto, dónde, quiénes, por qué? despierta sospechas de "complicidad" y es rápidamente desalentado. Queda entonces prohibido hurgar en algo que se considera historia oficial.
Así de bien ha hecho su trabajo la comunidad de propagandistas de la izquierda en casi todo el mundo, menos en Chile, donde hay millones de personas que vivieron esa etapa y que difícilmente podrían borrar sus propias vivencias para reemplazarlas por esas mentiras.
Sin embargo, al interior del país han conseguido instalar algo nuevo, que se empezó a sembrar bajo el gobierno castrista de Allende y que bajo el régimen militar se creía desterrado: el odio y la división irreconciliable entre chilenos.
Hermógenes Pérez de Arce reconoce este fenómeno y ensaya una descripción en su blog, cuya lectura recomiendo porque lista enfrentamientos similares del pasado que con consecuencias mucho más graves fueron prontamente superados para restaurar la convivencia.
Pérez de Arce simplifica esta nueva división instalada como la de “los del sí y los del no”, aludiendo a quienes en 1988 votaron a favor (44%) o en contra (55%) de mantener al general Pinochet en La Moneda por otros ocho años. Pero en realidad la división es más amplia que ésa, porque muchos de los que se negaron a la continuidad del militar en el gobierno pertenecen hoy al grupo de los que él llama "del sí" por el sólo hecho de no compartir el nuevo "catecismo" histórico impuesto por la izquierda.
A esta versión políticamente correcta de la historia la llamo "catecismo" porque incluye verdaderos artículos de fe, respecto de los cuales no se aceptan dudas ni disensos. Entre ellos: “Allende fue un demócrata”; “su expulsión, una maniobra de la CIA que usó a Pinochet como títere”; “el régimen militar una tiranía sanguinaria y totalitaria”; “la derrota de Pinochet en 1988 lo obligó a convocar a elecciones”; “el gobierno formado por la colusión de allendistas y democristianos restauró la democracia y desarrolló el país”.
Ninguno de estos artículos de fe es verdadero. Al examinarlos, no es posible extraer de ellos siquiera “algo de verdad” y no puede sino concluirse que forman parte del catecismo político diseñado por el aparato de propaganda de la izquierda que persigue, precisamente, el ocultamiento de la verdad.
Probar estas falsedades es simple y no demanda ningún trabajo arduo de investigación, porque para cualquier chileno es cosa de traer a la memoria por qué Allende NO fue democrático sino todo lo contrario, cómo y por qué se gestó la expulsión del castrismo, qué pasó en Chile durante el régimen militar... y qué es lo que en 20 años verdaderamente ha hecho la coalición sacada del gobierno por los chilenos.
Es deber y derecho de todo chileno demoler una a una esas felonías que distorsionan nuestra historia de forma absurda e irreconocible y cuya instalación ha costado y sigue costando una cantidad sideral de millones en su montaje y mantenimiento porque estas mentiras constituyen el piso sobre el cual la izquierda ha construido sus propuestas.
Si en el mundo logra abrirse paso la verdad, el daño para su causa será todavía más grande que el sufrido a partir de 1973, cuando el proceso chileno de recuperación económica dio al traste con sus recetas totalitarias, desatando la debacle que les costó el control de varios cientos de millones de personas irrecuperablemente perdidas para el socialismo.
Es tiempo de que cada quien haga lo que esté a su alcance por recuperar la verdad y el derecho a proclamarla.
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¿Por qué esta precisa parte de las declaraciones de Otero resultaban tan “vendibles”?
Porque colisionan frontalmente con la versión instalada en todas partes, que caracterizan el régimen que gobernó Chile desde la expulsión del castrismo hasta 1989 como una tiranía que sembraba el terror en todo el país, más terrible y cruelmente que las dictaduras y protodictaduras de la izquierda en Cuba y otras desgraciadas naciones.
Esa versión instalada es falsa y cualquiera es capaz de comprobarlo con sólo revisar sus antecedentes. Pero aún ese ejercicio de preguntarse ¿cómo, cuándo, cuánto, dónde, quiénes, por qué? despierta sospechas de "complicidad" y es rápidamente desalentado. Queda entonces prohibido hurgar en algo que se considera historia oficial.
Así de bien ha hecho su trabajo la comunidad de propagandistas de la izquierda en casi todo el mundo, menos en Chile, donde hay millones de personas que vivieron esa etapa y que difícilmente podrían borrar sus propias vivencias para reemplazarlas por esas mentiras.
Sin embargo, al interior del país han conseguido instalar algo nuevo, que se empezó a sembrar bajo el gobierno castrista de Allende y que bajo el régimen militar se creía desterrado: el odio y la división irreconciliable entre chilenos.
Hermógenes Pérez de Arce reconoce este fenómeno y ensaya una descripción en su blog, cuya lectura recomiendo porque lista enfrentamientos similares del pasado que con consecuencias mucho más graves fueron prontamente superados para restaurar la convivencia.
Pérez de Arce simplifica esta nueva división instalada como la de “los del sí y los del no”, aludiendo a quienes en 1988 votaron a favor (44%) o en contra (55%) de mantener al general Pinochet en La Moneda por otros ocho años. Pero en realidad la división es más amplia que ésa, porque muchos de los que se negaron a la continuidad del militar en el gobierno pertenecen hoy al grupo de los que él llama "del sí" por el sólo hecho de no compartir el nuevo "catecismo" histórico impuesto por la izquierda.
A esta versión políticamente correcta de la historia la llamo "catecismo" porque incluye verdaderos artículos de fe, respecto de los cuales no se aceptan dudas ni disensos. Entre ellos: “Allende fue un demócrata”; “su expulsión, una maniobra de la CIA que usó a Pinochet como títere”; “el régimen militar una tiranía sanguinaria y totalitaria”; “la derrota de Pinochet en 1988 lo obligó a convocar a elecciones”; “el gobierno formado por la colusión de allendistas y democristianos restauró la democracia y desarrolló el país”.
Ninguno de estos artículos de fe es verdadero. Al examinarlos, no es posible extraer de ellos siquiera “algo de verdad” y no puede sino concluirse que forman parte del catecismo político diseñado por el aparato de propaganda de la izquierda que persigue, precisamente, el ocultamiento de la verdad.
Probar estas falsedades es simple y no demanda ningún trabajo arduo de investigación, porque para cualquier chileno es cosa de traer a la memoria por qué Allende NO fue democrático sino todo lo contrario, cómo y por qué se gestó la expulsión del castrismo, qué pasó en Chile durante el régimen militar... y qué es lo que en 20 años verdaderamente ha hecho la coalición sacada del gobierno por los chilenos.
Es deber y derecho de todo chileno demoler una a una esas felonías que distorsionan nuestra historia de forma absurda e irreconocible y cuya instalación ha costado y sigue costando una cantidad sideral de millones en su montaje y mantenimiento porque estas mentiras constituyen el piso sobre el cual la izquierda ha construido sus propuestas.
Si en el mundo logra abrirse paso la verdad, el daño para su causa será todavía más grande que el sufrido a partir de 1973, cuando el proceso chileno de recuperación económica dio al traste con sus recetas totalitarias, desatando la debacle que les costó el control de varios cientos de millones de personas irrecuperablemente perdidas para el socialismo.
Es tiempo de que cada quien haga lo que esté a su alcance por recuperar la verdad y el derecho a proclamarla.
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jueves, 3 de junio de 2010
Resultados Simce y origen del problema.
En 1991 se impuso el Estatuto Docente.
Con esto se despojaba a los municipios del control de los profesores y a partir de entonces se los hacía depender directamente del Ministerio de Educación.
El Estatuto impide a los administradores municipales despedir a un profesor e incluso calificar su desempeño.
Junto con esta inamovilidad e impunidad funcionaria, se diseñó un esquema de remuneraciones que premia la antigüedad en el cargo, otorgando en forma automática un aumento de remuneraciones cada dos años.
De este modo, el gobierno central obtuvo el control total de ese gremio, sin empacho alguno para sindicalizarlos políticamente bajo la égida partidista de la DC y luego del PC.
Con esto se despojaba a los municipios del control de los profesores y a partir de entonces se los hacía depender directamente del Ministerio de Educación.
El Estatuto impide a los administradores municipales despedir a un profesor e incluso calificar su desempeño.
Junto con esta inamovilidad e impunidad funcionaria, se diseñó un esquema de remuneraciones que premia la antigüedad en el cargo, otorgando en forma automática un aumento de remuneraciones cada dos años.
De este modo, el gobierno central obtuvo el control total de ese gremio, sin empacho alguno para sindicalizarlos políticamente bajo la égida partidista de la DC y luego del PC.
jueves, 13 de mayo de 2010
Demagogia y derechos.
Como ya todos saben, Grecia ha tenido un abrupto fin de fiesta de su “estado de bienestar”. Se agotaron las fuentes internas de financiamiento de tantos “derechos” que aportaban a la vida de los griegos una cuota de disfrute sin tener que trabajar para pagarlo.
También sabemos que en Europa hay otros países candidatos a sumarse al colapso y que la causa de éste es la demagogia de ofrecer financiamiento fiscal para muchas necesidades que, se supone, cada europeo debe sufragar por sí mismo.
En América la situación es similar en un número cada vez mayor de naciones, incluyendo los Estados Unidos y Canadá.
En Venezuela, luego de varios gobiernos que sobrepasaron todos los límites en materia de corrupción, los venezolanos se aferraron al clavo ardiente que representaba el discurso de Chávez de terminar con esa lacra y poner orden en las cuentas públicas.
En once años, el sujeto ha acumulado 980 mil millones de dólares gastados en el financiamiento de “derechos”, en corruptas prebendas para crear una nutrida corte de incondicionales, en “apoyar” a gobiernos pro castristas del área, en el pago a "precio especial" de proyectos y —cómo no— en su propio beneficio.
El puente Orinoquia (foto de la derecha), de 3 km. sobre el Orinoco, costó más de mil trescientos millones de dólares de los venezolanos, casi tanto como el puente Xingua, en China, que tiene 36 km. de extensión y una isla artificial de reposta a mitad de camino, que lo hace el puente más largo del mundo con un costo final de 1600 millones de dólares.
Intentando defender estas políticas, el señor Sebastián Kaufmann Salinas, Académico del Departamento de Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado afirma: “En primer lugar, el deseo de asegurar ciertos derechos sociales a lo largo de la vida puede ser una expresión legítima de una voluntad de los gobernantes de garantizar a la ciudadanía un bienestar mínimo, acorde con la dignidad humana y no una expresión de populismo.”
Por el contrario, creo que “asegurar ciertos derechos” como “voluntad de los gobernantes” está en el origen de los problemas que hacen colapsar la salud económica y la paz social de cualquier nación.
Una vez aceptada esta noción demagógica —que en sus fases más agudas desemboca en totalitarismo— se instala la idea de que el aparato del estado es responsable de mantenernos sanos, con trabajo bien remunerado y con acceso garantizado a las cosas buenas de la vida.
El efecto inmediato de esta política es el de atraer la adhesión al gobierno asegurando su permanencia, como hacen Chávez y los demás gobernantes populistas de América Latina, que aprovechan ese apoyo para debilitar el funcionamiento de la democracia hasta eliminarla totalmente.
Así pasó en Cuba y así está a punto de ocurrir en Venezuela.
En Chile ha sido la Concertación la que ha reeditado este proceso, promoviendo al gobierno como la quintaesencia del estado protector y garantizador de “derechos” pergeñados por el aparato de propaganda, lo que le permitió hacerse del poder ejecutivo y controlar el poder legislativo todo este tiempo desde 1990.
Aparentemente, el presente gobierno busca frenar de algún modo este proceso y volver las cosas a su cauce normal, promoviendo más bien el valor de autosustentarse sobre la base del propio esfuerzo.
En realidad, los únicos derechos que colectivamente debemos garantizar son los derechos naturales, aquellos que traemos "de fábrica" y que no corresponden a la concesión graciosa de ningún gobierno.
Esos derechos son constitutivos de cada persona y dan cuenta de una facultad inmanente que se expresa en nuestra libertad para opinar, movernos a voluntad, ocupar el tiempo en lo que nos satisfaga y, por supuesto, para vivir en un régimen donde el poder no pueda constreñirlos.
Y, precisamente, los regímenes que amenazan estos derechos son aquellos que han partido de la base de “asegurar ciertos derechos” como “voluntad de los gobernantes”, generando una realidad que por colisionar tan brutalmente con la naturaleza humana no puede sino imponerse por la fuerza.
Como he dicho en otras instancias: Freedom needs rules, Socialism needs rulers.
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También sabemos que en Europa hay otros países candidatos a sumarse al colapso y que la causa de éste es la demagogia de ofrecer financiamiento fiscal para muchas necesidades que, se supone, cada europeo debe sufragar por sí mismo.
En América la situación es similar en un número cada vez mayor de naciones, incluyendo los Estados Unidos y Canadá.
En Venezuela, luego de varios gobiernos que sobrepasaron todos los límites en materia de corrupción, los venezolanos se aferraron al clavo ardiente que representaba el discurso de Chávez de terminar con esa lacra y poner orden en las cuentas públicas.
En once años, el sujeto ha acumulado 980 mil millones de dólares gastados en el financiamiento de “derechos”, en corruptas prebendas para crear una nutrida corte de incondicionales, en “apoyar” a gobiernos pro castristas del área, en el pago a "precio especial" de proyectos y —cómo no— en su propio beneficio.
El puente Orinoquia (foto de la derecha), de 3 km. sobre el Orinoco, costó más de mil trescientos millones de dólares de los venezolanos, casi tanto como el puente Xingua, en China, que tiene 36 km. de extensión y una isla artificial de reposta a mitad de camino, que lo hace el puente más largo del mundo con un costo final de 1600 millones de dólares.
Intentando defender estas políticas, el señor Sebastián Kaufmann Salinas, Académico del Departamento de Filosofía de la Universidad Alberto Hurtado afirma: “En primer lugar, el deseo de asegurar ciertos derechos sociales a lo largo de la vida puede ser una expresión legítima de una voluntad de los gobernantes de garantizar a la ciudadanía un bienestar mínimo, acorde con la dignidad humana y no una expresión de populismo.”
Por el contrario, creo que “asegurar ciertos derechos” como “voluntad de los gobernantes” está en el origen de los problemas que hacen colapsar la salud económica y la paz social de cualquier nación.
Una vez aceptada esta noción demagógica —que en sus fases más agudas desemboca en totalitarismo— se instala la idea de que el aparato del estado es responsable de mantenernos sanos, con trabajo bien remunerado y con acceso garantizado a las cosas buenas de la vida.
El efecto inmediato de esta política es el de atraer la adhesión al gobierno asegurando su permanencia, como hacen Chávez y los demás gobernantes populistas de América Latina, que aprovechan ese apoyo para debilitar el funcionamiento de la democracia hasta eliminarla totalmente.
Así pasó en Cuba y así está a punto de ocurrir en Venezuela.
En Chile ha sido la Concertación la que ha reeditado este proceso, promoviendo al gobierno como la quintaesencia del estado protector y garantizador de “derechos” pergeñados por el aparato de propaganda, lo que le permitió hacerse del poder ejecutivo y controlar el poder legislativo todo este tiempo desde 1990.
Aparentemente, el presente gobierno busca frenar de algún modo este proceso y volver las cosas a su cauce normal, promoviendo más bien el valor de autosustentarse sobre la base del propio esfuerzo.
En realidad, los únicos derechos que colectivamente debemos garantizar son los derechos naturales, aquellos que traemos "de fábrica" y que no corresponden a la concesión graciosa de ningún gobierno.
Esos derechos son constitutivos de cada persona y dan cuenta de una facultad inmanente que se expresa en nuestra libertad para opinar, movernos a voluntad, ocupar el tiempo en lo que nos satisfaga y, por supuesto, para vivir en un régimen donde el poder no pueda constreñirlos.
Y, precisamente, los regímenes que amenazan estos derechos son aquellos que han partido de la base de “asegurar ciertos derechos” como “voluntad de los gobernantes”, generando una realidad que por colisionar tan brutalmente con la naturaleza humana no puede sino imponerse por la fuerza.
Como he dicho en otras instancias: Freedom needs rules, Socialism needs rulers.
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