Como detesto ser censurado, dejé de postear comentarios a las cartas y artículos de El Mercurio (si quieres ver los detalles, aquí están). Por lo tanto comentaré aquí las cartas o columnas mercuriales que me parezca pertinente.
Hoy me ha llamado la atención el extraordinario descaro de Isabel Allende Bussi para acusar a las diputadas señoras Cristi, Hoffmann y Turres de “falta de tolerancia, miopía histórica y mirada de futuro”.
Las acusadas criticaron a la diputada Karla Rubilar por alabar en Allende ciertas cualidades personales —no políticas— que ella cree ver en el personaje, pero que las personas atacadas por Isabel Allende no comparten.
Sabiendo muy bien quién fue Allende, tampoco vi lo que cree ver Karla, pero supongo que el reconocimiento que ensaya esta diputada va por la línea de rescatar algo bueno en cada persona. Postura sana y razonable cuando se está en la búsqueda del entendimiento.
Es comprensible que no habiendo sentido el fétido aliento de las fauces del monstruo que en medio de la violencia, persecuciones, muertes, torturas, violaciones y prepotencia inaudita se instalaba en Chile llevándonos a la guerra civil para instalar el socialismo a lo Castro, la joven Karla Rubilar ensaye su inocente comentario, movida por la búsqueda de la paz.
Lo malo es que esa búsqueda no es compartida por los partidarios de Allende y todavía menos por la senadora Allende que refiriéndose a Pinochet llegó al extremo de declarar el 17 de septiembre del 2004: "quiero que muera agonizando al lado de sus abogados, sufriendo, angustiado, intentando encontrar hasta el último segundo de su vida alguna explicación para todos los bienes que posee y las atrocidades que cometió. Quiero que muera sin paz".
En tales circunstancias es comprensible también que el comentario de Karla Rubilar suene disonante para quienes sí sufrieron el más odioso y violento ataque a nuestra democracia y siguen viendo la misma odiosa actitud entre quienes apoyaron el proyecto de cubanizar nuestra patria.
Quizás si la bien intencionada diputada Karla Rubilar hubiera escuchado alguna declaración de gente como Isabel Allende reconociendo algún atributo positivo de Pinochet, compartiendo su ánimo de buscar el entendimiento, yo me atrevería también a pedirle a las diputadas acusadas que, por la paz y el entendimiento, callaran.
Pero dudo mucho de que Karla haya escuchado jamás nada parecido sino al contrario. Pinochet como la bestia sedienta de sangre y poder que en complicidad con los yanquis arrasó con la democracia en Chile es una execrable mentira, pero es al mismo tiempo un dogma intocable entre los seguidores de Allende.
Es más, en la carta que El Mercurio publicó a la senadora Allende insiste en la legitimidad del burdo montaje de TVN para designar a su padre como "el más grande de los chilenos", lo cual prueba que algo anda muy mal en la conciencia de esa congresista, y que si ella aparece defendiendo a la diputada Karla Rubilar no puede ser por ninguna razón moralmente aceptable.
Toda la plataforma discursiva de la Concertación está basada en gravísimas mentiras y distorsiones. Durante los veinte años pasados en el poder han gastado cantidades siderales de dinero público en mantener y alimentar esos salvajes mitos que cumplen, en mi opinión, el doble objetivo de:
1. Postergar el examen histórico desapasionado y público de la verdadera gestión de Allende, que constituyó el más grave atentado a nuestra institucionalidad, nuestra democracia y nuestra libertad.
2. Desacreditar a sus oponentes políticos y acusarlos de antidemocráticos y "partidarios de la dictadura", para acorralarlos e impedirles expresarse y exponer su propia visión (el caso más reciente fue el que afectó al efímero ex embajador en Argentina).
Para terminar, un solo dato.
Bajo el gobierno militar hubo muchas más publicaciones de izquierda que a partir de 1990 cuando, restaurada la institucionalidad político-electoral, se detuvo el flujo de fondos desde el extranjero que las financiaban.
En esos días nos tocó ver a menudo a grupos de personas de izquierda desfilando por el centro de Santiago con un tapabocas, protestando por la "falta de libertad de expresión" mientras eran fotografiados por corresponsales extranjeros.
Fabricando mentiras como ésta, los concertacionistas se han pasado más de 30 años. Y una de las más grandes mentiras es la de que Allende fue un "grande" en nuestra historia.
[+]
sábado, 3 de julio de 2010
martes, 29 de junio de 2010
El TOCOPI, un club no recomendable.
Pese a haber conseguido un cuarto de hotel a nivel de calle con amplia vitrina sobre el acceso por donde entraron y salieron nuestros seleccionados, los “ágiles noteros” de CQC (programa dominical del canal de TV Megavisión) en Sudáfrica no consiguieron entrevistar a ninguno de ellos; salvo una “integrante” que, sonriente, hizo ademán de acercarse a la ventana desde donde la llamaban, pero reaccionó y retomó rauda su camino al bus: Michelle Bachelet.
jueves, 24 de junio de 2010
El centro político y los unicornios azules.
Una de las principales razones que tengo para ser derechista es que no creo en el cuento del centro político.
Quizá inspirados en la fábula de los tres chanchitos, los expertos norteamericanos, que en los 60 asesoraron a la DC para detener al “comunismo” del FRAP (apoyo descrito al detalle en el Informe Church), promovieron el genial invento de los “tres tercios”.
Quizá inspirados en la fábula de los tres chanchitos, los expertos norteamericanos, que en los 60 asesoraron a la DC para detener al “comunismo” del FRAP (apoyo descrito al detalle en el Informe Church), promovieron el genial invento de los “tres tercios”.
miércoles, 23 de junio de 2010
La primera gran mentira
Respecto de la historia reciente de Chile se ha mentido mucho y sobre esas mentiras se ha construido una versión horriblemente distorsionada que es al mismo tiempo débil, porque no resiste la más mínima revisión.
Con estas grandes mentiras, el izquierdismo mundial busca ocultar la derrota militar e ideológica aquí sufrida, tratando de morigerar las consecuencias que esto trae para su causa, entre las cuales bien puede contarse el colapso del socialismo soviético y el escape de los países de Europa oriental de sus garras.
Las grandes mentiras, sin embargo, no empezaron con el castrismo.
Con estas grandes mentiras, el izquierdismo mundial busca ocultar la derrota militar e ideológica aquí sufrida, tratando de morigerar las consecuencias que esto trae para su causa, entre las cuales bien puede contarse el colapso del socialismo soviético y el escape de los países de Europa oriental de sus garras.
Las grandes mentiras, sin embargo, no empezaron con el castrismo.
martes, 15 de junio de 2010
Por qué no seguiré posteando en El Mercurio
Hoy El Mercurio publicó una carta firmada por la Dra. Lidia Amarales [ex Subsecretaria de Salud del régimen concertacionista] que, buscando alimentar la hoguera contra el ex embajador Otero, denuncia que fue suspendida un año de sus estudios en la Universidad de Chile por ser simple simpatizante del depuesto gobierno castrista de Allende.
Sabiendo que eso es falso, escribí el comentario inserto abajo en el blog que ese diario crea a cada carta, pero mi aporte no gustó al moderador porque no aparecía publicado.
Sabiendo que eso es falso, escribí el comentario inserto abajo en el blog que ese diario crea a cada carta, pero mi aporte no gustó al moderador porque no aparecía publicado.
lunes, 14 de junio de 2010
El catecismo progresista para Chile
El nuevo embajador chileno en Argentina llamó a un diario para aclarar que él no era “pinochetista”, como informaban. Una periodista local fue a entrevistarlo y, como es costumbre en los diarios, la redacción destacó lo que le pareció “vendible”, en este caso el juicio del personero en cuanto a que “la mayor parte de Chile no sintió la dictadura. Al contrario, se sintió aliviada”.
¿Por qué esta precisa parte de las declaraciones de Otero resultaban tan “vendibles”?
Porque colisionan frontalmente con la versión instalada en todas partes, que caracterizan el régimen que gobernó Chile desde la expulsión del castrismo hasta 1989 como una tiranía que sembraba el terror en todo el país, más terrible y cruelmente que las dictaduras y protodictaduras de la izquierda en Cuba y otras desgraciadas naciones.
Esa versión instalada es falsa y cualquiera es capaz de comprobarlo con sólo revisar sus antecedentes. Pero aún ese ejercicio de preguntarse ¿cómo, cuándo, cuánto, dónde, quiénes, por qué? despierta sospechas de "complicidad" y es rápidamente desalentado. Queda entonces prohibido hurgar en algo que se considera historia oficial.
Así de bien ha hecho su trabajo la comunidad de propagandistas de la izquierda en casi todo el mundo, menos en Chile, donde hay millones de personas que vivieron esa etapa y que difícilmente podrían borrar sus propias vivencias para reemplazarlas por esas mentiras.
Sin embargo, al interior del país han conseguido instalar algo nuevo, que se empezó a sembrar bajo el gobierno castrista de Allende y que bajo el régimen militar se creía desterrado: el odio y la división irreconciliable entre chilenos.
Hermógenes Pérez de Arce reconoce este fenómeno y ensaya una descripción en su blog, cuya lectura recomiendo porque lista enfrentamientos similares del pasado que con consecuencias mucho más graves fueron prontamente superados para restaurar la convivencia.
Pérez de Arce simplifica esta nueva división instalada como la de “los del sí y los del no”, aludiendo a quienes en 1988 votaron a favor (44%) o en contra (55%) de mantener al general Pinochet en La Moneda por otros ocho años. Pero en realidad la división es más amplia que ésa, porque muchos de los que se negaron a la continuidad del militar en el gobierno pertenecen hoy al grupo de los que él llama "del sí" por el sólo hecho de no compartir el nuevo "catecismo" histórico impuesto por la izquierda.
A esta versión políticamente correcta de la historia la llamo "catecismo" porque incluye verdaderos artículos de fe, respecto de los cuales no se aceptan dudas ni disensos. Entre ellos: “Allende fue un demócrata”; “su expulsión, una maniobra de la CIA que usó a Pinochet como títere”; “el régimen militar una tiranía sanguinaria y totalitaria”; “la derrota de Pinochet en 1988 lo obligó a convocar a elecciones”; “el gobierno formado por la colusión de allendistas y democristianos restauró la democracia y desarrolló el país”.
Ninguno de estos artículos de fe es verdadero. Al examinarlos, no es posible extraer de ellos siquiera “algo de verdad” y no puede sino concluirse que forman parte del catecismo político diseñado por el aparato de propaganda de la izquierda que persigue, precisamente, el ocultamiento de la verdad.
Probar estas falsedades es simple y no demanda ningún trabajo arduo de investigación, porque para cualquier chileno es cosa de traer a la memoria por qué Allende NO fue democrático sino todo lo contrario, cómo y por qué se gestó la expulsión del castrismo, qué pasó en Chile durante el régimen militar... y qué es lo que en 20 años verdaderamente ha hecho la coalición sacada del gobierno por los chilenos.
Es deber y derecho de todo chileno demoler una a una esas felonías que distorsionan nuestra historia de forma absurda e irreconocible y cuya instalación ha costado y sigue costando una cantidad sideral de millones en su montaje y mantenimiento porque estas mentiras constituyen el piso sobre el cual la izquierda ha construido sus propuestas.
Si en el mundo logra abrirse paso la verdad, el daño para su causa será todavía más grande que el sufrido a partir de 1973, cuando el proceso chileno de recuperación económica dio al traste con sus recetas totalitarias, desatando la debacle que les costó el control de varios cientos de millones de personas irrecuperablemente perdidas para el socialismo.
Es tiempo de que cada quien haga lo que esté a su alcance por recuperar la verdad y el derecho a proclamarla.
[+]
¿Por qué esta precisa parte de las declaraciones de Otero resultaban tan “vendibles”?
Porque colisionan frontalmente con la versión instalada en todas partes, que caracterizan el régimen que gobernó Chile desde la expulsión del castrismo hasta 1989 como una tiranía que sembraba el terror en todo el país, más terrible y cruelmente que las dictaduras y protodictaduras de la izquierda en Cuba y otras desgraciadas naciones.
Esa versión instalada es falsa y cualquiera es capaz de comprobarlo con sólo revisar sus antecedentes. Pero aún ese ejercicio de preguntarse ¿cómo, cuándo, cuánto, dónde, quiénes, por qué? despierta sospechas de "complicidad" y es rápidamente desalentado. Queda entonces prohibido hurgar en algo que se considera historia oficial.
Así de bien ha hecho su trabajo la comunidad de propagandistas de la izquierda en casi todo el mundo, menos en Chile, donde hay millones de personas que vivieron esa etapa y que difícilmente podrían borrar sus propias vivencias para reemplazarlas por esas mentiras.
Sin embargo, al interior del país han conseguido instalar algo nuevo, que se empezó a sembrar bajo el gobierno castrista de Allende y que bajo el régimen militar se creía desterrado: el odio y la división irreconciliable entre chilenos.
Hermógenes Pérez de Arce reconoce este fenómeno y ensaya una descripción en su blog, cuya lectura recomiendo porque lista enfrentamientos similares del pasado que con consecuencias mucho más graves fueron prontamente superados para restaurar la convivencia.
Pérez de Arce simplifica esta nueva división instalada como la de “los del sí y los del no”, aludiendo a quienes en 1988 votaron a favor (44%) o en contra (55%) de mantener al general Pinochet en La Moneda por otros ocho años. Pero en realidad la división es más amplia que ésa, porque muchos de los que se negaron a la continuidad del militar en el gobierno pertenecen hoy al grupo de los que él llama "del sí" por el sólo hecho de no compartir el nuevo "catecismo" histórico impuesto por la izquierda.
A esta versión políticamente correcta de la historia la llamo "catecismo" porque incluye verdaderos artículos de fe, respecto de los cuales no se aceptan dudas ni disensos. Entre ellos: “Allende fue un demócrata”; “su expulsión, una maniobra de la CIA que usó a Pinochet como títere”; “el régimen militar una tiranía sanguinaria y totalitaria”; “la derrota de Pinochet en 1988 lo obligó a convocar a elecciones”; “el gobierno formado por la colusión de allendistas y democristianos restauró la democracia y desarrolló el país”.
Ninguno de estos artículos de fe es verdadero. Al examinarlos, no es posible extraer de ellos siquiera “algo de verdad” y no puede sino concluirse que forman parte del catecismo político diseñado por el aparato de propaganda de la izquierda que persigue, precisamente, el ocultamiento de la verdad.
Probar estas falsedades es simple y no demanda ningún trabajo arduo de investigación, porque para cualquier chileno es cosa de traer a la memoria por qué Allende NO fue democrático sino todo lo contrario, cómo y por qué se gestó la expulsión del castrismo, qué pasó en Chile durante el régimen militar... y qué es lo que en 20 años verdaderamente ha hecho la coalición sacada del gobierno por los chilenos.
Es deber y derecho de todo chileno demoler una a una esas felonías que distorsionan nuestra historia de forma absurda e irreconocible y cuya instalación ha costado y sigue costando una cantidad sideral de millones en su montaje y mantenimiento porque estas mentiras constituyen el piso sobre el cual la izquierda ha construido sus propuestas.
Si en el mundo logra abrirse paso la verdad, el daño para su causa será todavía más grande que el sufrido a partir de 1973, cuando el proceso chileno de recuperación económica dio al traste con sus recetas totalitarias, desatando la debacle que les costó el control de varios cientos de millones de personas irrecuperablemente perdidas para el socialismo.
Es tiempo de que cada quien haga lo que esté a su alcance por recuperar la verdad y el derecho a proclamarla.
[+]
jueves, 3 de junio de 2010
Resultados Simce y origen del problema.
En 1991 se impuso el Estatuto Docente.
Con esto se despojaba a los municipios del control de los profesores y a partir de entonces se los hacía depender directamente del Ministerio de Educación.
El Estatuto impide a los administradores municipales despedir a un profesor e incluso calificar su desempeño.
Junto con esta inamovilidad e impunidad funcionaria, se diseñó un esquema de remuneraciones que premia la antigüedad en el cargo, otorgando en forma automática un aumento de remuneraciones cada dos años.
De este modo, el gobierno central obtuvo el control total de ese gremio, sin empacho alguno para sindicalizarlos políticamente bajo la égida partidista de la DC y luego del PC.
Con esto se despojaba a los municipios del control de los profesores y a partir de entonces se los hacía depender directamente del Ministerio de Educación.
El Estatuto impide a los administradores municipales despedir a un profesor e incluso calificar su desempeño.
Junto con esta inamovilidad e impunidad funcionaria, se diseñó un esquema de remuneraciones que premia la antigüedad en el cargo, otorgando en forma automática un aumento de remuneraciones cada dos años.
De este modo, el gobierno central obtuvo el control total de ese gremio, sin empacho alguno para sindicalizarlos políticamente bajo la égida partidista de la DC y luego del PC.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)





