Un profesor visitante en la Universidad de Chile, Ricard Vinyes, titula una columna de opinión en La Segunda de hoy con la pregunta ¿Por qué incomoda el Museo de la Memoria? como si la "incomodidad" fuera el sentimiento que mejor describe su rechazo por buena parte de los chilenos.
Como simpatizante de izquierda, usa la nomenclatura pergeñada por esa propaganda para concentrar la "incomodidad" en el "pinochetismo", buscando desacreditar el argumento de que lo expuesto en el tal "museo" no es sino una visión parcial y sesgada. Con un estilo desafiante y ofensivo afirma que en lo expuesto están "todos": víctimas, perpetradores y testigos indiferentes, asimilando la "dictadura" al régimen nazi alemán.
El sujeto yerra en todo.
El monumento ofende a la mayoría de los chilenos porque, lejos de ser un museo ni orientarse a la defensa de los derechos humanos, no es sino una instalación de propaganda de un sector minoritario de nuestra política que busca esconder su responsabilidad en, precisamente, el más brutal ataque a los derechos del individuo bajo el gobierno del castrismo entre 1970 y 1973.