miércoles 4 de enero de 2012

¿Dictadura, régimen o gobierno militar?

El diccionario de la RAE incluye dos definiciones de dictadura aplicables a una forma de gobierno:

3. f. Gobierno que, bajo condiciones excepcionales, prescinde de una parte, mayor o menor, del ordenamiento jurídico para ejercer la autoridad en un país.

4. f. Gobierno que en un país impone su autoridad violando la legislación anteriormente vigente.

Entre las incontables intervenciones totalitarias del régimen que precedió al actual gobierno, se redactaron textos escolares para imponerlos como obligatorios enmarcando todas las materias de estudio en un contexto congruente con el llamado "relato" según el cual el gobierno de Allende habría sido un ejemplo de democracia y el gobierno siguiente el epítome de lo contrario: una dictadura.

La verdad, sin embargo, es muy distinta.

Tanto la Corte Suprema como la Cámara de Diputados acusaron al gobierno de Allende de atropellar las leyes, desatender las resoluciones judiciales y de dejar a cada nacional desamparado de la administración de justicia para el resguardo de sus derechos. Es decir, según las definiciones del diccionario, acusaron a ese gobierno de ser una dictadura.

Más allá de los miles de reclamos, denuncias por la prensa y las declaraciones oficiales mencionadas, es un hecho histórico que bajo Allende los chilenos quedamos absolutamente inermes frente a la acción de los agentes del gobierno y las bandas que asaltaban fábricas, campos, comercios y hasta hogares marcados como objetivos políticos.

Y frente a los reclamos y manifestaciones en contra de este dictatorial proceder, el ministro de justicia de Allende aceptó los cargos y los "justificó" declarando: "La revolución se mantendrá dentro del derecho mientras el derecho no pretenda frenar la revolución" (1º de julio de 1972).

Acogiendo las graves denuncias de los más altos tribunales, del Congreso, de los gremios y organizaciones de la producción, y de miles de abusados por el régimen, en septiembre de 1973 las fuerzas armadas expulsaron al gobierno castrista, instituyeron un gobierno de emergencia y restituyeron la potestad de los tribunales para que funcionara de nuevo el estado de derecho.

Alborozados, los chilenos celebraron esta expulsión y cooperaron con entusiasmo a la tarea de reconstruir tanto la institucionalidad como la capacidad productiva que luego de tres años de demagogia desatada habían dejado al país en la ruina.

Pasados cinco años de trabajo de expertos constitucionalistas, se sometió al veredicto popular una nueva constitución que desde 1980 preside la institucionalidad vigente hasta hoy. Es decir, tanto el gobierno militar como todos los gobiernos siguientes han estado siempre sujetos a la misma constitución, que incluía normas transitorias preparatorias de la convocatoria a elecciones para el traspaso del poder a la civilidad.

La interpretación de estos hechos por las fuerzas derrotadas en 1973 (a la que se suma el oportunista y carente de escrúpulos partido demócrata cristiano) es antojadiza y busca eludir la criminal responsabilidad de los que tanto abusaron bajo Allende para imponer su afiebrada visión totalitaria. Hoy, en los textos escolares, en el lenguaje de los periodistas de izquierda y en el de las organizaciones afines, la dictadura ha pasado a ser el gobierno militar y el gobierno "democrático" es ahora el de Allende.

La nueva administración ha corregido esta grave distorsión sólo en cuanto atañe a designar al gobierno militar como "la dictadura", reemplazando esa expresión por "régimen militar", la cual es una modificación de compromiso que no acoge la verdad tal como está descrita arriba. Pero la izquierda ha puesto el grito en el cielo y, temerosa de que se venga abajo el costosísimo y trabajoso "relato", activa todos sus variados recursos para acusar al gobierno de distorsionar la "verdad histórica".

La verdad "verdadera" es la descrita con simpleza arriba. No hay otra verdad. La izquierda alega que bajo el gobierno militar se cometieron atroces abusos a los derechos humanos, como si esas desgracias hubieran sido parte de una política de exterminio, despojando esa parte de su "relato" de todo contexto, como por ejemplo que hubo casos de crueldad y abuso por ambos lados, como ocurre en toda guerra sucia (ejemplos hay muchos, uno de ellos está descrito aquí).

Abusos han ocurrido aún bajo las más impecables democracias. La totalidad de ellos corresponde a episodios en los que no hay intervención del gobierno. Por eso, un gobierno no pasa a ser una dictadura porque durante su mandato ocurran estos delitos. Un gobierno pasa a ser dictadura cuando desprecia las leyes y las resoluciones judiciales, dejando a la población sujeta al arbitrio de sus agentes.

Eso fue exactamente lo que ocurrió bajo Allende, y lo que el gobierno militar restauró desde el minuto mismo en que asumió el poder.

4 comments:

  1. A estos izquierdistas cualquiera cosa que les cambie su paradigma, los sulfura. Se evitarían todas estas molestias, si eliminaran el Mineduc y hubiese libertad para crear sus propios textos de de estudio. Así se respetaría la visión de cada. Pero que estoy diciendo. Ellos solamente quieren imponer su visión. Luego predican la diversas, bla, bla.El problema es no habría una base en común.

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  2. Javier, este asunto es increíble.

    La oposición acusa al gobierno de querer cambiar la historia e imponer su visión, lo cual es EXACTAMENTE lo que han hecho ellos por décadas.

    En muchas escuelas se acumulan los textos de estudio impuestos por el Mineduc porque su contenido es en tal grado tendencioso y viciado que no es posible darles uso.

    Que hayan textos oficiales y obligatorios en todas las materias, y que estos se enmarquen en el mismo "relato", es la forma que usó la actual oposición para imponer SU visión a rompe y raja.

    Es penosa la debilidad ideológica del presente gobierno.

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  3. No sólo es ideológica, sino que también valórica. Dios se apiade de nosotros.

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  4. Cierto, valórica. Y, también cierto, no esperábamos que los llamados a corregir lo mal obrado estén haciendo causa común con los malos.

    Que Dios nos ayude.

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Aprecio tu opinión y/o correcciones.