Por estos días, un juez de izquierdas enquistado en el aparato judicial ha ordenado la aprehensión y sometimiento a juicio de dos ex oficiales de la fuerza aérea que se desempeñaron hace 38 años en la unidad donde testigos (también de izquierda) han declarado que se practicaba torturas, acusándolos de la muerte del ex general de brigada aérea Alberto Bachelet Martínez, padre de la ex agitadora castrista Verónica Bachelet, también conocida como Michelle Bachelet y —para eterna vergüenza— como ex presidenta de Chile.
Siendo espeluznante que luego de ese tiempo alguien descubra que el ataque cardíaco que causó la muerte del militar pueda recién hoy achacarse a esos acusados, el disparatado fundamento de este funcionario es que ello ocurrió porque Bachelet habría estado debilitado por torturas.
No se sabe de un relato documentado de esas torturas ni menos aún de algún informe médico que certifique el estado de debilidad resultante en el reo Bachelet. De haber existido algo en ese sentido es del todo imposible suponer que fuera autorizado a participar en un encuentro deportivo tan exigente como el match de basquetbol que hasta hoy aparecía como el antecedente del episodio cardíaco que le ocasionó la muerte.
No se sabe de un relato documentado de esas torturas ni menos aún de algún informe médico que certifique el estado de debilidad resultante en el reo Bachelet. De haber existido algo en ese sentido es del todo imposible suponer que fuera autorizado a participar en un encuentro deportivo tan exigente como el match de basquetbol que hasta hoy aparecía como el antecedente del episodio cardíaco que le ocasionó la muerte.