domingo, 29 de enero de 2012

Gramsci reloaded

por RAFAEL CAVIEDES
Académico de la Universidad de Los Andes

Aquellos que creían que después de la caída del muro de Berlín y el estrepitoso fracaso del socialismo real, las doctrinas marxistas estaban muertas, se estarán convenciendo de su error al analizar con más detención las bulladas marchas y protestas realizadas por los estudiantes el año recién pasado.

El sociólogo Antonio Leal, ex comunista, en su columna de El Mostrador, referida a su libro “Gramsci”, reconoce el regreso del pensamiento marxista en los líderes estudiantiles, pero no con aquella vertiente estalinista que conocimos los años 60 y 70, sino revestido de una forma más sutil, más seductora, intelectualmente bien elaborada, que le da un nuevo carácter ético e, inclusive, estético, atractivo para jóvenes e idealistas del nuevo pensamiento marxista y que marchan por la calles, quizás sin saberlo, de la mano de Gramsci.

El filósofo, quien cumple 121 años desde su nacimiento, si bien influyó en el comunismo italiano, no existió para los leninistas rusos sino hasta la Perestroika, puesto que su propuesta propicia la penetración intelectual y espiritual, en contraposición al pensamiento leninista que justifica la violencia política, el totalitarismo e, incluso, la vía armada.

Tales ideas aún permanecen subyacentes. Al menos así lo han deslizado algunos de los nuevos dirigentes estudiantiles de nuestro país, motivados quizás porque saben que la vía gramsciana puede ser lenta, sofisticada y requiere penetrar la dura coraza de la superestructura social y moral. Para ello, Gramsci propuso entregar una formación humanista, es decir, preparar o formar a la gente no para el trabajo, sino en aspectos humanistas que condujeran a la transformación social. ¡Y qué mejor que el Estado controlando la educación de todo un país para ello!

Lo interesante de Gramsci es que de esta forma volvió a retomar la concepción marxista, pero no al ritmo cruel de la violenta revolución rusa sino al paso cadencioso de las ideas, del pensamiento, de la ciencia política. No obstante la clara derrota del socialismo real, el ideario marxista —como lo reconoce Leal— ha vuelto a ganar espacio político como si nada hubiese sucedido en 90 años.

Es cierto que ahora se trata de un pensamiento “renovado” que se ha apropiado de atributos como la equidad, la igualdad, la tolerancia, la preservación del medio ambiente, los derechos humanos y de las minorías, etc., que cualquiera debería apoyar. Aunque para alcanzar tales atributos no se basa en la libertad del individuo ni el emprendimiento, sino que propicia nuevas formas de intervencionismo estatal en materias de propiedad, educación, salud, económicas, tributarias y previsionales, entre otras, restándole toda importancia a la libertad individual.

Así, aunque parecía incomprensible que tal ideología fuese aún capaz de sobrevivir y gobernar, a nuestro alrededor vemos prosperar el pensamiento neo marxista tanto en países de la región como en Chile.

¿Cómo se puede explicar ésto?

La respuesta se encuentra en la interpretación efectuada por Gramsci al marxismo, al que consideró como la doctrina de salvación del reino de la ilusión (la religión) y del engaño (el capitalismo). Gramsci, visualizó desde la perspectiva del mundo occidental las debilidades de la ortodoxia rusa marxista-lenilista, referidas a la toma violenta del poder. Señaló que sólo una alternativa que apuntara a la ocupación cultural, al ejercicio del verdadero liderazgo al interior de la sociedad civil, podría tener éxito para alcanzar el poder. Tal estrategia, llamada guerra de posición, operaría mejor en el modelo occidental capitalista, que la cruel guerra de maniobras propiciada por el marxismo leninismo.

Para Gramsci, el socialismo es más que un sistema político o económico, es un valor moral profundamente liberador. Su propuesta de conquista consiste en incursionar en lo que él denomina la superestructura social, es decir, en los fenómenos culturales y espirituales de la sociedad. Propone una ocupación cultural, de suyo sutil, y el ejercicio de un verdadero liderazgo o hegemonía al interior de la sociedad civil.

De este modo Gramsci ha inspirado a la nueva izquierda para que esté presente en la literatura, en la prensa, en la iglesia, en los organismos internacionales, en los sindicatos y minorías, en la ecología, en la televisión, en la universidad, en la ciencia, en la cultura y hasta en la música popular. Basta pasearse por una librería, repasar los títulos y sus autores, para darse cuenta de la enorme intrusión intelectual marxista existente.

Sin embargo, para lograr dicha hegemonía social, cultural y económica, también reclama a la escuela, por su función educativa positiva, y a los tribunales, por su función educativa represiva. Hoy, además, las nuevas redes sociales de internet -impensado para Gramsci- permiten una penetración ideológica rápida y eficiente.

Basta pensar en lo ocurrido el año pasado, revisar la historia reciente de nuestro país, los textos escolares, la interpretación histórica, los museos inaugurados en la última década, u observar la tolerancia frente al delito y el terrorismo ecológico y todo aquello que debilite la institucionalidad.

Es cosa de observar el diestro uso que hacen de los medios de comunicación o ver cómo se hacen meritorios de éxitos económicos -que no corresponden al modelo que ellos mismos propician- y notar cómo hacen gala de un hábil transformismo filosófico que les permite transmutar de víctimas a usuarios del capitalismo, de predicar desde hace 90 años la descomposición del modelo capitalista, de tratar de provocar permanentemente la crisis social para que los gobiernos entren en conflicto, se cuestione su liderazgo, se desacredite su autoridad y, así, se produzca la anhelada crisis de poder y el consecuente desgaste de la clase dominante, para al fin asumir el poder. ¿Será esto lo que le da sentido a los movimientos sociales del año pasado?

Para responder esa pregunta hay que conocer el pensamiento de este filósofo que está influyendo en los movimientos sociales actuales y, para ello, Leal ofrece su libro. Evidentemente, el pensamiento gramsciano ha tenido éxito. Prueba de ello es que a nadie parece importarle el fracaso reciente del modelo socialista. Se les permite gobernar, aunque ahora no postulan a la dictadura del proletariado, se promueven como demócratas, coquetean con el capitalismo, y la opinión pública hasta les perdona su incursión en la vía armada en décadas pasadas.

La doctrina gramsciana transforma a Abel en Caín y viceversa. De esta forma, aquellos que originaron el doloroso y violento proceso que vivieron muchos países, han quedado absueltos de toda culpa. Aquellos que empobrecieron a la gente con sus modelos estatistas, hoy aconsejan cómo lograr mayor equidad. Así las cosas, pareciera que se está avanzando en la progresiva conquista de la conciencia, de la superestructura y de la propia personalidad histórica. La sociedad parece adormecida, está quedando anestesiada, sin percibir que la verdad se está alterando, que la historia se está re-escribiendo con mano gramsciana.

7 comentarios:

  1. Este artículo lo publicó originalmente El Mostrador, el 24 de enero del 2012, publicación gramsciana.

    Allí no ha obtenido comentarios. Y creo que es porque los lectores de ese medio son casi todos izquierdistas y para ellos puede ser riesgoso intentar rebatir al profesor Caviedes.

    Aquí puedes comentar todo cuanto quieras, para que este inteligente académico se entere de que sus palabras están cayendo en tierra fértil.

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    1. Ciro,
      leyendo a Axel Kaiser he sentido una verdadera bofetada al darme cuenta cómo la izquierda maneja el terreno de las ideas y nosotros nos dejamos estar. La derecha ha cometido el gran pecado de descartar el terreno intelectual permitiendo que el marxismo se apodere de universidades, organizaciones políticas y sociales, entre otras, para manejar el pensamiento de las comunidades. Estamos en presencia de un marxismo disfrazado o representado por rostros atractivos, que encierran una peligrosidad que no nos atrevemos siquiera a imaginar. Es la obra de Gramsci que se extiende de manera muy bien urdida.

      Saludos,
      Gloria.

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  2. Gloria, la arremetida del marxismo en la cultura lleva muchos años y durante todo este tiempo (varias décadas) la esperada reacción de los veraderos intelectuales ha sido casi nula.

    Los verdaderos intelectuales son los que observan la realidad con juicio crítico y capacidad analítica suficientes para separar el trigo de la paja, definición que deja afuera a los "intelectuales progresistas", que están impedidos de hacer nada de eso.

    En ellos, y en los líderes políticos de derecha, “su debilidad mayor parece ser la falta de coraje para defender sus propias convicciones y la falta de valoración de por qué su opción política es buena y moral” [Lucía Santa Cruz, en El Mercurio, 17 de septiembre de 2006].

    La verdad, creo que es toda nuestra culpa que esto haya pasado y siga pasando, porque el ideario que ha inspirado la construcción de nuestro país no merece el descuido que hemos mostrado para respetarlo y preservarlo.

    Está en nosotros dedicar tiempo y recursos, cada cual en la medida de lo que le es posible, para reponer el imperio de la verdad.

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    1. Un error del gobierno militar fue haber cerrado carreras universitarias humanistas,como sociología. Es ahí donde se debió "hincar el diente" para confrontar ideas que dieran frutos el día de hoy. Si ya no se hizo, aun es tiempo de sembrar nuestro granito de arena y dar a conocer ideas de libertad contrarias al totalitarismo. Es una tarea ardua, incluso dentro de nuestras propias familias, pero vale la pena. Si la izquierda tiene el descaro de entregar armas a niños en Venezuela (http://bit.ly/y2V5Mf), entreguemos nosotros buenas ideas a nuestros niños, especialmente a los jóvenes que hoy se alimentan de ruedas de carreta.

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    2. Te encuentro toda la razón. Los militares que resolvieron el cierre de esas carreras estaban a años luz de entender que en la práctica ayudaban al marxismo a justificar sus reclamos de "persecución académica" y bloqueaban el sano desarrollo de las ideas que es precisamente lo que el progresismo aborta para instalar su negra fe.

      Muy atinadas tus palabras.

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  3. Ciro:
    La derecha pensó no más que con los think tanks hubiese bastado para combatir a la izquierda en estos dos lustros. Craso error. Se conbaten con pensadores. O bien, empleando la cultura a nuestro favor, como lo hace Ayn Rand. El problema de los centros de estudios, es que reducen la política a las políticas públicas.

    Además, la izquierda es buena para acomplejar a las personas de derecha. Son buenos para la parte psicológica.

    No es sólo la carrera de sociología. Las ideas se combaten con ideas. Sin embargo, supone que los think tanks que la derecha creó fue para evitar las ideas de izquierda. Alex Kaiser junto con el otro Bellolio van a fundar una especia de Cato Institut para revertir la situación. Entonces, ¿para qué sirvieron los think tanks de la derecha?

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    1. Creo que los think tanks han hecho, más o menos, su trabajo. Quizá el CEP a esta altura ya está penetrado de zurdería que es campeona para ese deporte.

      Creo que el dañino perfil de los líderes de derecha (demasiada buena opinión de sí mismos) es algo así como el foco de los imperdonables errores que han impedido parar a la antipatria.

      Por eso creí necesario montar este blog, y de seguro que la misma conclusión te llevó a montar el tuyo.

      Esperemos que se sumen muchos más a la tarea. Hay demasiado por hacer... y los malos no descansan.

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