Cuando en Cuba ya disfrutaban de TV en colores, en Chile el gobierno recién estudiaba las regulaciones para introducir la televisión, por supuesto, en glorioso blanco y negro.
Contrariamente a lo que ocurría en la isla caribeña, en nuestro país se desconfiaba de entregar este medio a la explotación comercial por operadores independientes, imponiéndose un modelo "de profundo significado social" (palabras del senador Hernán Larraín, en El Mercurio de hoy), que regaló las concesiones de frecuencia a algunas universidades.
Es cierto lo que afirma Larraín, en cuanto a que por entonces se desconfiaba de la iniciativa privada y se pensaba que las universidades lo harían "identificándose esencialmente con valores supremos de la comunidad", esperanza que resultó absolutamente frustrada.