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sábado, 15 de diciembre de 2012

El hijo de Vargas Llosa también es genial

Álvaro Vargas Llosa

(publico esta larga carta abierta por su carácter histórico)

ME DIRIJO a ustedes -el Ministerio de Relaciones Exteriores del Perú- usando el apelativo con el que se los conoce por la casona virreinal que les sirve de sede principal. Lo hago con respeto por sus vivos y sus muertos, entre quienes están algunos de los peruanos que más admiro. Tengo la esperanza de que vean un ánimo constructivo en estas líneas, con las que quiero expresarles que ha llegado la hora de un gran cambio de mentalidad.

Lo hago ahora que la fase oral del proceso de La Haya ha acabado y sólo falta el dictamen, probablemente dentro de pocos meses. Creo que las posibilidades de que el Perú obtenga el triunfo son mínimas en lo que se refiere al reclamo principal -una delimitación marítima basada en una línea equidistante- y algo mayores, pero no muy grandes, en lo que se refiere al segundo, es decir, la determinación de nuestra soberanía sobre el llamado triángulo exterior, que está fuera de la zona marítima chilena y estaría dentro de la nuestra si ella rebasara el paralelo de latitud.

lunes, 24 de enero de 2011

El desarrollo no viene de la riqueza

"Uds. son como los americanos", nos decía 10 años atrás un empresario mexicano en una cena en el hotel Nikko, en Polanco. "Son extremadamente puntuales, hacen lo que dicen, en los plazos acordados y uno puede confiar en que lo entregado vale la plata que uno está pagando".

Azorado, le advertí que entre los chilenos hay de todo, "sí", me interrumpió, "también entre los americanos, pero la regla general es que ustedes son confiables y de aquí a poco andar serán el primer país desarrollado de Latinoamérica".

Luego de esforzarme razonablemente para quitarle tanto entusiasmo (en años en que recién se introducía la tecnología CRM), reflexioné acerca de las razones que nuestro cliente mexicano aducía para predecir tan augusto futuro a nuestro país.

México es una nación increíblemente rica en recursos naturales. Hay poquísimos bienes de la tierra que no se den allí en abundancia y a bajo costo. ¿Frente a ello, cuál era la diferencia que podría hacer nuestra escasa disponibilidad de metales preciosos, petróleo o nuestra nula potencialidad de grandes praderas húmedas?

Pues lo que le oímos a nuestro anfitrión: "ustedes son como los americanos".

Pese a las enormes diferencias histórico-culturales, Chile es la única región del continente donde —por razones concretas pero largas de explicar— la mayoría de la población se aferra con firmeza al reconocimiento de virtudes y principios (humanos y religiosos) en su vida cotidiana, como tradicionalmente lo han hecho los angloamericanos.

Conversando del rescate minero del año pasado, varios extranjeros me han comentado lo mucho que atrajo su atención la generalizada postura de reverencia y reconocimiento a Dios que exteriorizaron desde el Presidente hasta el más sencillo protagonista de esa saga que, verdaderamente, ha sido una lección de humanidad para todo el planeta.

Aunque últimamente ha sufrido serios embates, nuestro respeto por la noción de Dios y las virtudes que de ahí emanan hacia nuestra relación con los débiles, los niños, las mujeres y lo que estimamos recto o "decente" encierra la mayor potencialidad para el desarrollo humano, el que definitivamente no se cimenta en la abundancia sino la escasez, el esfuerzo para superarla y el enfrentamiento con una naturaleza que es cualquier cosa menos blandengue ni dadivosa.

Hasta hace no mucho he creído que nuestro mejor negocio habría sido acoger la Constitución de los USA e incorporarnos a ella. Cualquiera que pispe las implicancias económicas se da cuenta de que sería una movida trascendental.

Lamentablemente, los "americanos" se están pareciendo cada día más a lo que estamos dejando de ser que a aquello que buscamos alcanzar.

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