por Hernán Büchi Buc*
Es común que los grupos humanos compartan mitos (ideas, aseveraciones o historias) atractivos pero erróneos. Algunos son inofensivos, pero otros pueden ser muy perjudiciales. El mito marxista con su promesa de una sociedad ideal y perfecta es un caso; llegó a justificar asesinatos masivos para facilitar la creación de su utopía.
En cierta elite política se ha ido instalando la idea de que nuestras instituciones no son democráticas, que el sistema binominal no es representativo y que puede cambiarse por algo sustancialmente mejor. Ello es incorrecto.