miércoles, 5 de septiembre de 2012

¿Qué condenada cosa es ser liberal?

Reproduzco, con aprobación de su autor, un artículo que suscribo en su totalidad. Tenía pensado escribir sobre la libertad y esta pieza es un muy buen aporte para despejar la verborrea progresista que ha conseguido revertir el sentido de las palabras. El título original es bastante menos agresivo que el que he puesto.

por Francisco J. Salinas

Existe una pugna por el término “liberal” en Chile. Esta pugna es más o menos nueva ya que hasta poco antes de la irrupción de Red Liberal en el debate nacional, “liberal” era asociado a “neoliberal”, un eufemismo que se usa para referirse al sistema económico que adoptó Chile a principios de la década de los ’80.

Decirle “neoliberal” a un individuo no es halagarlo, pero nadie se siente ofendido si lo llaman “liberal” ¿Será porque neoliberal se asocia con el gobierno militar? Si neoliberal significa “liberal nuevo”, no tendría por qué ser considerado como un insulto, pero a su vez, el prefijo “neo” se asocia más con neonazi que con liberal. “Neo” es casi tan ofensivo como “pseudo”.

Antes del lanzamiento de Red Liberal, pregunté si el movimiento se basaría en el concepto hispano de “liberal” o el anglosajón. Por años he visto a los medios norteamericanos criticar a candidatos republicanos por acusar a sus contrapartes de ser liberales. Nadie llama liberal a Obama, a Kerry, ni a Al Gore, sin llevarse una oleada de editoriales del New York Times y el Washington Post, denunciado el insulto. No sabría decir si “liberal” es un insulto en Estados Unidos, pero sí está asociado al concepto de socialdemocracia e incluso socialismo. Julius Rosemberg, uno de los espías soviéticos que entregó secretos nucleares a Stalin, usaba la chapa “liberal” para firmar los cables que enviaba a Moscú. Eso no ayudó mucho a la causa liberal en ese país.

Por el otro lado, “neoconservador” se ha vuelto también un insulto, aunque la mayoría de los norteamericanos fuera de las ciudades grandes se sienten identificados con el conservadurismo, y sus candidatos usan el término “conservador” en sus plataformas electorales, “neoconservador” es considerado un insulto. ¿Por qué? porque los neoconservadores son por lo general individuos de etnia judía que alguna vez fueron demócratas o definitivamente comunistas, pero que luego de las guerras de 1967 (Guerra de los Seis días) y 1973 (Guerra de Yom Kipur) reconsideraron sus posiciones ideológicas; el trato de Idi Amín y el gobierno sandinista de Nicaragua a los judíos, probablemente reforzó ese cambio de bando. Neoconservador es un eufemismo de sionista. Los neoconservadores se hacen llamar así mismos “conservadores”, sin el prefijo “neo”.

Volvamos a Chile. No sólo existen diferencias entre neoliberales – aunque nadie admita serlo- y liberales; la pugna más entretenida es entre liberales a secas. La discusión pareciese ser sobre quién es más liberal que el otro, o quién sabe más de liberalismo. Un tipo que conozco parecer tener el monopolio del liberalismo, ya que no solo dice ser más liberal que el resto de los liberales, también cree que nadie sabe más que él sobre liberalismo porque estudió en Princeton, Yale o una de esas universidades sobrevaloradas. Puede que tenga razón sobre lo segundo, sobre lo primero es difícil saberlo porque “liberal” es un término abstracto, tan abstracto que individuos que piensan distinto en la mayoría de los temas pueden considerarse “liberales”. La pugna es semántica y no finalizará hasta que uno de los dos lados asuma que el otro es libre de hacerse llamar liberal, porque “liberal” significa lo que uno quiera creer.

Pero los liberales no están solos en la búsqueda de su identidad, muchos libertarios se sentirían choqueados al descubrir que algunos trotskistas también se hacen llamar libertarios. Todo parece ser una gran contradicción, pero es un enredo semántico armado por nosotros mismos.

Por esta misma razón, en mi primer libro hice un gran esfuerzo por no ocupar palabras como “liberal”, “conservador”, “derecha” e “izquierda”. Los conceptos que sí usé bastante son “colectivismo” e “individualismo”. Creo que sólo esas dos ideologías existen y ninguna otra. En el colectivismo el grupo lo es todo y los individuos deben ser sancionados o sacrificados si van contra los intereses del grupo, pero todo grupo tiene un líder, por lo que el grupo realmente sanciona es ir contra los intereses del líder. Para los individualistas, el grupo ni siquiera existe aunque sí se debe proteger por igual, el derecho a la vida, la libertad y la búsqueda del beneficio personal de todos los individuos. Pero ¿qué es libertad? “La justa libertad”, escribió Thomas Jefferson, ‘significa no tener obstáculos en la acción de acuerdo con nuestra voluntad, dentro de los límites dibujados alrededor de nosotros por la igualdad de derechos de los demás. No agregó “dentro de los límites de la ley”, porque la ley es a menudo hecha a voluntad de los tiranos y siempre de modo que se violan los derechos del individuo’. Creo que es importante esta definición de Jefferson, porque además de describir muy bien la libertad, habla sobre igualdad de derechos de los demás. Todos tenemos derechos de propiedad y derechos contractuales, y somos iguales ante las leyes que el hombre ha descubierto en los últimos 5000 años, pero no somos igual de altos, de rápidos o de buenos para el básquetbol.

Aunque insisto en que sólo existen dos ideologías en el mundo: colectivismo e individualismo, es muy difícil que un individuo sea todos los días de su vida absolutamente colectivista o absolutamente individualista; ni siquiera creo que sea posible ser un día entero 100% colectivista o 100% individualista. Si entiendes sobre límites y proximidad, puedes comprender que los absolutos no existen, uno solo puede acercarse a ellos; entonces hay individuos que tienden más hacia el colectivismo y otros tienden más hacia el individualismo. Sólo nosotros sabemos qué lado nos atrae más, con cuánto poder y con qué frecuencia.

9 comentarios:

  1. Interesante.
    Acá los llamados liberales de derecha, son en realidad socialdemócratas. Usan la palabra 'liberal' para confundir. Ahí tienes Allamand, el intelectual Gonzalo Bustamante y Cristóbal Bellolio representante de la Red Liberal, el ministro de Salud y el ministro de Educación. De liberal no tienen nada, pues no defienden los principios del Estado de Derecho, sobre todo, en el caso de los militares.

    La palabra 'neoliberal' la emplea la Izquierda post Muro Liberal, pues la receta 'neoliberal' es simplemente liberalismo. El Neoliberalismo es una forma despectiva de hablar de los liberales. Y muestran que son liberticidas la Izquierda.

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    1. El colosal descrédito del socialismo lleva a esta gente a buscar otras etiquetas, en vez de inspirarles una revisión de su fe, como debería ser.

      Algunos creen hacerlo maquillando sus visiones, pero conservan la raíz totalitaria de la noción colectivista que menciona Francisco, aquella que acepta que algunos pueden concebir un nuevo orden, una entelequia de lo que "debería ser".

      Esta noción es profundamente liberticida, porque la imposición de cualquier esquema supone arrasar con los derechos e intereses del esquema ya existente.

      Y, tal como dices, el uso del concepto de la libertad en cualquiera de sus formas como justificación para delirios que la mutilan es una contradicción insanable.

      La tal "red liberal" es, en consecuencia, un grupo que usa ese nombre, pero que abomina de la libertad.

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    2. Javier: los que mencionas son liberales de la cintura para abajo, y en lo económico. En general calzan con el concepto estadounidense de "liberal", aún cuando prefieran mirar mas bien a Europa.

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    3. Si nos remontamos a las ideas de los asesores de Bismarck y a los impulsores del socialismo fabianista, el liberalismo como disfraz de ideas totalitarias o fascistas, podría colegirse que esta posturas es de origen europeo.

      En los Estados Unidos se ha abierto paso la expresión "libertarianismo", para la defensa genuina de la libertad, ya que en la prensa y en la academia ya han conseguido instalar el concepto liberal como propio.

      Hace como 40 aos, un brasileño, Plinio Correa de Oliveira, compuso un libro al que llamó (cito de memoria, porque ya no lo tengo) "Trasbordo ideológico inadvertido", aludiendo a este fenómeno que constituye una verdadera estafa lingüística: apropiarse del nombre de las cosas para etiquetar nociones contrarias.

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  2. Cristóbal Bellolio no puede ver a Labbé.

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    1. A mi tampoco. Me tiene hiper bloqueado en Twitter, no tolera ser desafiado.

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  3. No sabía que era así. Con todo, cada político tiene sus virtudes y defectos. Aún así prefiero a Labbé que a Bellolio en la alcaldía de Providencia.

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    1. Digo que Cristóbal Bellolio me tiene bloqueado, no Cristian Labbé (que no lo he visto en Twitter). A lo mejor no me expresé bien. Por supuesto, mi apoyo va con todo en favor del actual alcalde, a quien veo como ejemplo de cómo se debe actuar en ese cargo.

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  4. Ciro:
    No te preocupes, fue un error de expresión. Y te entendí al revés. Ja, ja.

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