domingo, 27 de marzo de 2011

Degenerados y socialistas, fuera del sacerdocio.

La sentencia vaticana en contra de don Fernando Karadima incluye una admonición que prohibe al condenado aceptar visitas de personas vinculadas a su pasado ministerio.

La contravención a esto conllevaría la pérdida del sacerdocio para Karadima, lo cual lo despoja de la protección de la estructura arzobispal y expone a su propia capacidad de sobrevivir como cualquier otro laico. Cuestión nada trivial para una persona de su edad y condición de salud.

Ahora que se ha sabido que en su cómodo aunque forzado retiro recibió visitas periódicas del actual párroco de su ex comunidad, debería examinarse si procede aplicar la terrible cláusula de la dimisión del estado clerical. Habrá que ver cuál es el criterio que se aplique por quienes corresponda.

Mientras tanto, se reactivó la causa en la judicatura civil y en su momento podremos conocer qué aspecto de la conducta del condenado —en la iglesia por efebofilia— constituye una contravención a las leyes civiles, supuesto básico para someterlo a proceso en esos tribunales.

Cualquiera sea el rumbo y las circunstancias que se presenten, este escándalo está lejos de ser el primero o el más grave de los muchos que se han conocido de sacerdotes o religiosas involucrados en prácticas contrarias al evangelio.

Quienes reclaman que la jerarquía eclesiástica no ha sido diligente en acoger las denuncias ni en aplicar sanciones ejemplares tienen sobradas razones para esos alegatos.

A fines de los años 90 trascendió el caso del obispo Francisco Javier Cox, quien, en palabras del entonces Presidente de la Conferencia Episcopal don Francisco Javier Errázuriz, tenía "una forma de afectuosidad excesivamente expresiva", agregando que "hay que tener un cuidado enorme. Temo que después de lo que pasó en Estados Unidos sean muchas las investigaciones que se hagan y que, en ciertos casos, sean informaciones falsas que se den por verdaderas. Hay que ir al fondo de las cosas, darnos cuenta que todos somos limitados, débiles, pecadores y que Jesucristo nos salva a todos". (Fuente)

Respecto de don Francisco Javier Cox, el cura de izquierdas Felipe Berríos ha alegado que "Monseñor Cox es homosexual y hasta donde yo sepa no es delito serlo, ni dentro de la Iglesia ni fuera". (Fuente)

Sin embargo, el caso Karadima ha gatillado reacciones particularmente virulentas entre quienes rechazan la fe cristiana o, a menudo, entre quienes la mezclan con la fe en ideologías de izquierda.

Para ellos, este es un asunto que debería provocar el derrumbe de la Iglesia, arrastrando a la élite practicante.

Lo primero, porque el sacerdote castigado atrajo a muchos jóvenes al sacerdocio (varios han llegado a ser obispos) y se busca desacreditar a esas personas porque se les supone compartir las taras sexuales de Karadima. Lo segundo, porque la feligresía de la parroquia afectada es más bien conservadora (son practicantes devotos de antiguo cuño, no incorporan guitarras ni aires populares al rito de la misa, no se muestran atraídos por la mezcla del evangelio con el progresismo). 

Sin embargo, estas conductas han sido mucho más frecuentes entre religiosos que reclaman ser progresistas.

"Feligreses, sacerdotes y personalidades del mundo político entregaron anoche su respaldo al presbítero Miguel Ortega y algunos parlamentarios repudiaron abiertamente las declaraciones que en su contra formuló el locutor radial Roberto Artiagoitía "El Rumpy", al ligar al religioso a supuestas conductas impropias con menores." La publicación donde aparece esto agrega: "se revelaron saludos enviados desde el exterior en apoyo al religioso de los sacerdotes Rodrigo Tupper y Cristián Precht para luego intervenir brevemente el párroco Ignacio Ortúzar y el ex alumno del Seminario Menor, Javier Hermosilla. También manifestaron su repudio el diputado Patricio Walker y el senador Rafael Moreno, quienes junto al hermano de Ortega, Eugenio [uno de los líderes del Partido Demócrata Cristiano], participaron de la misa." (Fuente)

Es notable que el hermano del "Rumpy", sacerdote José Luis Artiagoitía —también izquierdista y amigo de los antes mencionados— debió renunciar al sacerdocio cuando trascendió que sería padre de una criatura, luego de verse involucrado en la manipulación de una joven sin hogar para levantar testimonios falsos de pedofilia en contra de un senador de la derecha.

Recuerdo que a finales de los 80, el sacerdote español encargado de la Vicaría de la Solidaridad (una entidad del arzobispado de la época para oponerse al gobierno militar y favorecer a los grupos castristas que le combatían), don Ignacio Gutiérrez, también dejó la sotana para cumplir similar cometido luego de que de sus amoríos resultara un vástago que reclamaba paternidad.

Los casos de perfil similar son muchos, tanto en Chile como en toda Latinoamérica y en todo el mundo. Y seguramente es lo que ha tenido en cuenta el Papa Benedicto XVI para prohibir la admisión de homosexuales en los seminarios.

Don Felipe Berríos tiene razón cuando afirma que la homosexualidad no es delito, pero carece absolutamente de ella si cree que eso no debiera ser problema en la práctica del sacerdocio.

En todas las iglesias se hace notar el terrible efecto de esta práctica entre personas que actúan en la formación de niños y jóvenes. No sólo para la buena marcha de la iglesia sino para la vida de los que han pasado por estas experiencias.

Jesucristo advirtió de este peligro y de la terrible penalidad que aguarda a quien se ampare en el evangelio para dar cauce a sus propios deseos o intenciones. "Al que escandalice a uno de estos pequeños que creen, más le valdría que le encajasen en el cuello una piedra de molino y lo echasen al mar." (Mc 9,38-43.45.47-48)

Y en esto de vestirse con las ropas evangélicas para pasar su propio mensaje y llevar a muchos al odio y la violencia, los curas progresistas no se diferencian en nada de los homosexuales ni de los que se aprovechan de sus feligresas. Ciertamente, podría decirse que son la misma camada.

Para verdaderamente limpiar la iglesia y que recupere su lozanía, ya va siendo hora que, aparte del homosexualismo y la galantería, Benedicto XVI prohiba también a todo sacerdote la adscripción al negro evangelio del socialismo.

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6 comentarios:

  1. Estos casos como el de Karadima me dejan con varios signos de interrogación, pero como no soy cristiana, a veces me da vergüenza preguntar. Por ejemplo, yo tengo entendido que ser homosexual no es sinónimo de pedófilo. Que hay muchos pedófilos que prefieren niñas a niños, y homosexuales que encuentran repugnante la practica de la pedofilia. Pero aunque no fuera así, al ser hoy en día la homosexualidad una opción valida, prohibir el sacerdocio, previa confesión de la orientación sexual del novicio, seria visto como homofobia y discriminación.
    Segundo, hay una diferencia entre el curita “pecador” que se enamora o se enreda con una feligresa y el pedófilo que atormenta criaturas inocentes. El primero solo indica que el celibato debería ser opcional en la Iglesia, tal como lo fue en sus primeros siglos. El segundo demuestra una deformación mental morbosa.

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  2. Violante, aunque soy católico, lo que va es mi simple opinión. Carezco de formación canónica y puede ser que algo de lo que diga vaya en contra de alguna norma.

    Para mí, la clave de lo reprobable es el escándalo. Es decir, la actuación engañosa, desprovista de rectitud, de transparencia y de integridad que saca provecho (personal o ideológico) de una condición de autoridad.

    Conozco sacerdotes que, habiéndoseles despertado amor por una mujer, han solicitado y obtenido la dispensa de su estado para tomar una vida laica y fundar una familia. Siguen siendo muy amigos y muy queridos.

    Sé de sacerdotes de tendencia homosexual que conscientes de esa condición la reportan para que sus responsabilidades y destinaciones les permitan rehuir la tentación (casi imposible de contener cuando se trata con jóvenes confiados e inocentes). Imposible no sentir respeto y cariño por quienes cumplen su ministerio llevando esta enorme carga.

    Hay curas que piden dispensa porque simplemente no pueden superar esta carga y, lo mismo, nadie podría señalarles ni menos condenarles.

    No me ha tocado conocer sacerdotes o religiosas que reconozcan la incompatibilidad de su vocación con la fe en las ideas de Marx o similares, pese a que existen claras advertencias de la más grave contradicción.

    Por supuesto, la pedofilia no es lo mismo que la homosexualidad ni la efebofilia.

    Vargas Llosa relata (en "El Pez en el Agua") cómo quedó de una pieza cuando conoció en Paris un restaurant lleno de viejos manoseando a jóvenes que por dinero se entregaban a esa práctica que para las leyes francesas no es delito si los manoseados son mayores de 18.

    El papa Benedicto XVI ha prohibido, sabiamente en mi opinión, la admisión y permanencia de homosexuales (alumnos o profesores) en los seminarios de formación sacerdotal.

    Los sacerdotes son personas frente a las cuales uno confiesa los pecados de todo tipo, a las que pide dirección espiritual, las bendiciones y de quienes recibe las especies consagradas.

    Últimamente, se ha aceptado que clérigos de la Iglesia de Inglaterra que retornan al catolicismo puedan hacerlo siendo casados, lo cual (también en mi humilde opinión) prueba que el celibato no es condición sine-qua-non para el orden sacerdotal.

    Creo que eso abriría la puerta para aceptar que curas católicos que se enamoran puedan casarse y formar familia sin renunciar al sacerdocio.

    A mi no me espanta lo que está ocurriendo porque estimo que nada pasa porque sí.

    Creo que quizás se venga el momento de introducir cambios ya demasiado tiempo postergados que ayuden a reperfilar a lo curas como seres normales y corrientes, a los laicos como componentes principales y responsables de la Iglesia y a reorientar el apostolado de manera que sea asumido por todos apuntando a lo que verdaderamente constituye la esencia del evangelio de Jesucristo.

    Gracias por tu comentario.

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  3. Recuerdo que alguien me contó que el famoso obispo González, el opositor al Régimen de Pinochet, es o era homosexual. Adivina quién reparo en ese detalle. Fue la señora y no el marido que fueron a conversar con él.

    El amaneramiento se le notaba.

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  4. Javier, entiendo que no es nada tranquilizador estar confesando pecados de impureza a un cura que por ser homosexual que quizás empiece a pasarse películas.

    Tampoco me parece adecuado que un homosexual (sea cura o no) esté en contacto diario con niños y jóvenes en formación. No sólo porque pueda abusar de ellos sino porque su condición es percibida por los niños y, a menudo, da ocasión para mofas y desconcierto.

    Aparte de eso, creo que una persona homosexual padece una desviación cuyo conocimiento no es suficiente para que la discriminemos del trato normal o, menos todavía, la rechacemos.

    Creo, sin embargo, que es estúpido confundir esa aceptación de la persona homosexual con la aceptación de la homosexualidad como práctica normal.

    Ya ves, como el caso que cuentas. Si una señora sale comentando los ademanes afeminados de un cura es porque a ella se le ha hecho evidente una anomalía que despoja al cura de credibilidad.

    La misma reacción generan esos curas que "predican" la fe progresista enrevesada con la prédica del evangelio.

    Generan desconcierto y escandalizan a la grey.

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  5. Soy agnóstico Don Ciro, así que la iglesia católica apostólica romana me es indiferente, pero en el caso de la iglesia chilena, esta no es de mis organizaciones favoritas, pues para mí solo es un refugio de ideas de izquierda, aliada primera de todo el zurderío progresista que domina los círculos de información del país. El que ahora sus propios aliados la apuñalen por la espalda, y aún así siga actuando de la misma manera, me indica que sus círculos de poder, son o incompetentes, o se traen algo entre manos, a fin de cuentas ¿no ha aumentado progresivamente el poder de los jesuitas, en el clero?

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  6. Heitai, lo que tiene de malo la Iglesia es lo que tiene de temporal, de vinculación a los círculos del poder y a la coyuntura política.

    Eso está en el origen de muchos curas desconversos que, sin embargo, se introducen fácilmente en la jerarquía desstruyendo a la Iglesia por dentro.

    Muchas pruebas similares se han presentado en 2 mil años, los cristianos seguimos adheridos a Jesucristo y su evangelio de amor a todo trance, no seguimos a curas ni a iluminados.

    Los que lo hacen tienen muy poco de cristianos.

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